Lecciones de S. Larson: las redes sociales


 -¡Señor Larson, espere!- dijo el pequeño alienígena mientras agitaba sus diminutos bracitos por encima de su cabeza.
-¿Qué pasa? ¿Ocurre algo?
-Tengo que hacerle una pregunta- dijo jadeando una vez hubo alcanzado al joven.
-Pregunta.
-Antes de nada, le ruego que si me ha de responder, lo haga de la misma manera que la última vez. Entendí a la perfección todo eso del teledesecho.
-Se dice telebasura.
-Ah, eso.
-¿No tenías una pregunta que hacerme? Tengo un poco de prisa.
-Sí, sí. No quiero entretenerle. Yo quería saber qué son las redes sociales.
-Es muy sencillo. Verás:


Aquel chico del abrigo,
que a la mierda tiene un pase,
hace un siglo fue a mi clase,
¡lo añadiré como amigo!
 A aquel falto de piedad
que viste color genista
y hace daño a la vista…
¡petición de amistad!
Y así, sufriendo el dolor,
se añade un amigo al día
como jersey se lleva a Almería
por si cesara el calor;
de la misma, misma manera,
se hace una lista de amigos
que nada tienen que ver contigo
mas que algún día sirvan se espera.
Así se comparten  sandeces,
vídeos, canciones, fotografías,
demás enlaces a tonterías:
montaña hedionda de heces,
por no decir que es una mierda
el felicitar cumpleaños,
las fotos “chonis” en baños
que evita la gente cuerda,
siendo así una gran hazaña
porque a menudo se ve atacada
como cosecha arrasada
por inmundas alimañas.
Tuenti empieza teniendo,
le siguen Facebook y Twitter
y ya no habrá quien se quite
el vicio que acaba adquiriendo:
que si actualiza para enterarte
que si haz para no perderte,
que si quieres entretenerte,
del chat no pueden sacarte.
Y al final se vive esclavo
de las visitas semanales
a odiosas redes sociales
que no cuestan un centavo
pero el tiempo cada día
y la vida te arrebatan
y el en suelo te rematan,
y eso que “yo no quería”.


-Pensé que la esclavitud se había abolido hacía ya tiempo.
-Es un poco más complejo.

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