Me estoy equivocando
El juego de la verdad resultó ser una ridícula prueba del destino para comprobar hasta dónde estaba dispuesta a llegar; el verdadero reto estaba aún por venir. Hubo de pasar menos de una semana para que los crueles pensamientos volvieran a ensañarse conmigo, y la Naturaleza parecía no poner de su parte. Quizá el miedo a ser rechazada movía, o mejor dicho, paralizaba mis palabras. No había culpables. Simplemente, nada era como debía ser. O como yo soñaba que debía ser. Sentía que faltaba algo. Algo importante. Algo indispensable. Algo nuestro. Pensaba que aquello que necesitaba sería la base de esta torre tambaleante, lo que la mantendría estable. En cuestión de segundos comprendí que todo lo que fallaba era yo. El vaivén de emociones, la duda y el misterio, las frases incompletas, el silencio, el miedo, la falta de actitud, el cansancio, los problemas, los arrebatos de sinceridad, las indirectas, las señales, los deseos etéreos, el dolor, la pesadez, la salvac...