Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2012

Me estoy equivocando

El juego de la verdad resultó ser una ridícula prueba del destino para comprobar hasta dónde estaba dispuesta a llegar; el verdadero reto estaba aún por venir.  Hubo de pasar menos de una semana para que los crueles pensamientos volvieran a ensañarse conmigo, y la Naturaleza parecía no poner de su parte. Quizá el miedo a ser rechazada movía, o mejor dicho, paralizaba mis palabras. No había culpables. Simplemente, nada era como debía ser. O como yo soñaba que debía ser.  Sentía que faltaba algo. Algo importante. Algo indispensable. Algo nuestro. Pensaba que aquello que necesitaba sería la base de esta torre tambaleante, lo que la mantendría estable. En cuestión de segundos comprendí que todo lo que fallaba era yo. El vaivén de emociones, la duda y el misterio, las frases incompletas, el silencio, el miedo, la falta de actitud, el cansancio, los problemas, los arrebatos de sinceridad, las indirectas, las señales, los deseos etéreos, el dolor, la pesadez, la salvac...

Todo es culpa mía.

Aquella noche, cuando el mundo pareció bifurcarse ante mis ojos, supe que debía escoger, o lo perdería todo. Siempre había sabido que mis malas decisiones me llevarían a destruir todo lo que tanto tiempo me había llevado conseguir, y en este caso parecía inevitable. Sus últimas palabras se asemejaron a un firme ultimátum. Daba la sensación de que, por momentos, lo perdía sin posibilidad de recuperarlo. No sabía qué hacer. No sabía qué decir. No sabía qué camino escoger. Llevaba días retrasando el momento de enfrentarme a mis miedos. Era consciente de que se me vendrían encima en un período no muy largo de tiempo, pero la realidad era demasiado cruda. La opción más razonable era la de contar la verdad, poner las cartas sobre la mesa, como se suele decir, pero, como también se sabe, apostar implica la posibilidad de perder. El hecho de narrar detalladamente una historia incompleta, mostrando las más pueriles debilidades, las tristezas más vergonzosas y las preocupaciones dignas...

No, por favor.

Hoy he pensado en ti. He pensado que quizá me quieras tanto como yo lo quiero a él. He pensado que quizá te sientas como yo. He pensado en que te hago daño. Me he derrumbado.

Ssssssh

Me reconforta enormemente saber que jamás leerás esto. Por eso puedo escribirlo para ti. Me gustaría que supieras todo lo que eres para mí. Me gustaría que supieras lo que has hecho, sin saberlo, por mí. Me gustaría que supieras lo que me ocurre cada vez que te veo. Me gustaría que supieras cuánto pienso en ti. Dado que yo no soy capaz de decirlo, no creo que lo sepas nunca. Cuando me encuentro mal, pienso en ti. Cuando él me abandona, pienso en ti. Cuando todo sale mal, pienso en ti. Cuando no sé qué hacer conmigo, pienso en ti. Cuando la vida me golpea, pienso en ti. Y es estúpido. Es nuevo. Es ridículo. Es un sinsentido. Es raro. Es agradable. Es una escapatoria. Y estoy segura de que tú no vives lo que yo vivo. No piensas en mí como yo pienso en ti. Pero no me importa. No quiero forzarte. No quiero agobiarte. No quiero que te sientas como yo. Por ello me oculto. Agacho la cabeza. Te miro de soslayo. Pero es una apariencia. A veces me insinúo. Y s...