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Mostrando entradas de abril, 2012

Mentalidad borrosa

Bueno, el otro día puse Kiss Tv para verificar que no estuvieran echando el vídeo de Ballad of Mona Lisa (no me perdonaría perdérmelo) y, por una de esas casualidades que mueven y configuran el universo, cuando puse el canal estaban poniendo Coconut Tree de Mohombi (y otra que no sé cómo se llama). Empecé a ver el videoclip con toda mi buena intención, pero no pude pasar por alto ciertos detalles crispantes. 1º ¿Por qué se llama coconut tree si la mayor parte del vídeo transcurre en un bosque de bambú? 2º Respecto a lo anterior, ¿se supone que estos dos individuos se encuentran en un mundo de fantasía asiático-hawaiano-amazónico de Madagascar? Es lo que parece. 3º En el sentido ambiental, el vídeo está bien conseguido, porque entre la pinta “indigénica” de Mohombi, la canoa (kayak, o como se llame) y las tribus turísticas de rituales incomprensibles, se alcanza un nivel bastante bueno en el escenario amazónico. 4º ¿Por qué los cantantes (en general) creen qu...

Rectificar es de sabios muy sabios

Hoy, 18 de abril de 2012, yo, Beh Panic, rectifico, me arrodillo, agacho la cabeza y ruego a la difunta Carmen Laforet que me perdone. En su libro no pone nada de que haya que leerlo dos veces para entender la complejidad placentera de su historia, y ese es el error. Lo leí la primera vez y no me gustó, lo leí la segunda vez y lo entendí. Una vez que he llegado a comprender a los personajes todo parece distinto. Román es cada vez más interesante (e insoportable), la bondad de la abuela me transporta a mis propias vivencias, y Juan resulta cada vez más complejo. No hice la primera reflexión porque no me sentía con fuerzas para ello, aunque ahora tampoco puedo hacerla porque no sería capaz de transmitir todas las sensaciones que se despliegan en esta obra. Por todo ello, y porque últimamente ocurren infinidad de cosas que no deberían ocurrir, induzco que la mentalidad de las personas puede cambiar y que, como dijo Tertuliano, "cierto es, porque es imposible"

Memorias de S. Larson

Lo recuerdo como si estuviera aquí. El abrigo marrón colgaba de su percha en la pared junto al armario. Cuando mi madre no estaba, yo pasaba silencioso por el pasillo para dirigirme a mi habitación y lo observaba. Me daba la impresión de que había un ente oscuro con forma humana en aquel cuarto. Siempre que recorría el pasillo y veía aquel cuerpo antropomorfo, con sus brazos, sus hombros; no podía dejar de pensar que me vigilaba. Recuerdo perfectamente que, un día, le comenté esto a mi madre. Rió, y, como de costumbre, dejó su abrigo en aquella percha. Días más tarde, estando solo en casa, tras levantarme dejé mi almohada sobre la cabecera de la cama de mi hermano porque mi cama estaba oculta en un mueble, y al cerrarla, era necesario sacar la almohada para echar el cerrojo de seguridad. El día transcurrió tedioso, espeso, recalcitrante; hasta la noche. Cuando abrí mi cama, me dirigí, seguro de mí mismo, hacia la cama de mi hermano para coger mi almohada, y hete ...