Entradas

Mostrando entradas de octubre, 2012

Me dejaste sola

No ves, no quieres ver. Los argumentos te sobran cuando de justificarte se trata. Tus deseos se muestran claros a mis oídos pero confusos a mi razón. Piensas fríamente, a veces. Hablas, sólo hablas. Nunca escuchas. Cuando se iluminan tus palabras, te entiendo, te acepto. Me dices lo que sientes, y te creo. Las dudas se despejan. Estás conmigo, como  aquel  día. Otras veces, cuando te llamo, no acudes. Me dejas, no estás. Contradices lo ya dicho. Te excusas, te escondes. Mis opciones son huidizas. Se me escapan. Me niego a olvidarte, te busco. Me niego a buscarte, te olvido. Pero tú vuelves, algún día. Me llamas, y te sigo. Te sigo por ti. Te sigo por mí.   No me oyes nunca. Y mucho menos me escuchas. Te intento guiar, no lo permites. Te intento explicar cómo encontrarnos, pero no sé qué decir. No me atrevo a contarte lo que sé. Tampoco lo entenderías. Lo negarías, tal y como ya has hecho. Tú me guías, y yo lo permito. Me indicas cómo hacer para no ser tú. ...

Imagina

-No sé cómo explicarte esto.- dijo Beh a Adi en una de esas conversaciones en las que siempre hablaban de lo mismo- Tú imagina que tienes un grano de arena. Ese granito de arena es lo más bonito que has visto nunca, es simétrico, es brillante, es perfecto. Tú adoras ese grano de arena, lo cuidas para que no le ocurra nada, lo contemplas día y noche porque te deslumbra su belleza, no obstante, sabes perfectamente que no te oye, no te ve, no sabe que existes porque es, simplemente, un grano de arena, sin sentimientos, sin vida. Sabiendo que no escucha tus cumplidos, que nunca hará por ti lo que tú haces por él, lo sigues adorando igualmente porque no te importa nada de eso, porque lo quieres.  Día tras día te desvives por él, acondicionas su espacio, te sometes a su "voluntad" dejando atrás lo que quieres sólo por protegerlo, y todo ello lo haces sin esperar nada a cambio. Una parte de ti espera,  puerilmente, una respuesta, pero eso es imposible porque, como ya sabrás, los ...

¿Es aquello una luz?

Aquella mañana de otoño, en la que, al fin, inicié mis estudios universitarios, sirvió, definitivamente, para hundir mis expectativas y mis deseos de progresar. Verdaderamente, la ilusión no me acompañaba en absoluto, y el hecho de equivocarme de edificio y recorrerme un largo y desierto pasillo en busca de alguien que pudiera ayudarme, no mejoró, para nada, la situación. La primera práctica me hizo pensar seriamente en  la posibilidad de subir a la octava planta y dejarme caer suavemente por una de las ventanas de la escalera de emergencia, y la somera pero no por ello llevadera presentación de química me obligó a plantearme qué hacía allí y si de verdad aquel era mi lugar. El plomizo soliloquio de la profesora de matemáticas, que sólo contribuyó a destruir el positivismo que todo el verano me había costado acumular, terminó de pisar, patear, mermar, desgarrar, agujerear, trocear, apuñalar, arruinar y desintegrar mis esperanzas en el sistema universitario.  ...