¿Es aquello una luz?
Aquella mañana de otoño, en la que, al fin, inicié mis estudios universitarios, sirvió, definitivamente, para hundir mis expectativas y mis deseos de progresar. Verdaderamente, la ilusión no me acompañaba en absoluto, y el hecho de equivocarme de edificio y recorrerme un largo y desierto pasillo en busca de alguien que pudiera ayudarme, no mejoró, para nada, la situación. La primera práctica me hizo pensar seriamente en la posibilidad de subir a la octava planta y dejarme caer suavemente por una de las ventanas de la escalera de emergencia, y la somera pero no por ello llevadera presentación de química me obligó a plantearme qué hacía allí y si de verdad aquel era mi lugar. El plomizo soliloquio de la profesora de matemáticas, que sólo contribuyó a destruir el positivismo que todo el verano me había costado acumular, terminó de pisar, patear, mermar, desgarrar, agujerear, trocear, apuñalar, arruinar y desintegrar mis esperanzas en el sistema universitario.
La hora de la comida, como de costumbre, fue breve, y la clase posterior pasó extremadamente desapercibida, algo raro dado que los mapas no han sido nunca mi fuerte.
Mi paso por la facultad me dejó un desagradable sabor de boca. El futuro era pues incierto, la decepción, palpitante, y mis intenciones de afrontar con optimismo mi destino académico, nulas.
Tú puedes, sólo tienes que respirar hondo y creer un poquito más en tus posibilidades.
ResponderEliminarUn saludo, Eser.