Lecciones de S. Larson: felicidad
-Hola, señor Larson,- dijo el pequeño alienígena enarbolando una piruleta que lo hacía extremadamente adorable- ¿cómo está? -¿Que cómo estoy? ¿QUE CÓMO ESTOY? Te lo diré de la mejor manera que se me ocurre: Desde que era pequeñito la mano de Mala Suerte me daba en la cara, fuerte, bofetones infinitos. Cuando daba la impresión de que ya no estaba allí, aparecía, ¡ay de mí!, esperando en mi salón; no había manera humana de respirar en la tormenta, y del agua turbulenta escapar hacia el mañana. Un día creí encontrar una posada en mi camino, una copa para mi vino y un faro para mi mar, mas, ¡Señor!, me equivocaba y por poco me ato al mal de ese ser disfuncional al que el delirio me llevaba. Sin embargo, y sin creerlo un día como otro día Felicidad aparecía. ¡Vivir hay que para verlo! No sé bien si fue la luz de la esperada primavera o que espanto ya no era el horario aquel, ¡mi cruz!, mas donde tristeza había y un ceño bien fruncido y un lab...