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Mostrando entradas de abril, 2013

Lecciones de S. Larson: felicidad

-Hola, señor Larson,- dijo el pequeño alienígena enarbolando una piruleta que lo hacía extremadamente adorable- ¿cómo está? -¿Que cómo estoy? ¿QUE CÓMO ESTOY? Te lo diré de la mejor manera que se me ocurre: Desde que era pequeñito la mano de Mala Suerte me daba en la cara, fuerte, bofetones infinitos. Cuando daba la impresión de que ya no estaba allí, aparecía, ¡ay de mí!, esperando en mi salón; no había manera humana de respirar en la tormenta, y del agua turbulenta escapar hacia el mañana. Un día creí encontrar una posada en mi camino, una copa para mi vino y un faro para mi mar, mas, ¡Señor!, me equivocaba y por poco me ato al mal de ese ser disfuncional al que el delirio me llevaba. Sin embargo, y sin creerlo un día como otro día Felicidad aparecía. ¡Vivir hay que para verlo! No sé bien si fue la luz de la esperada primavera o que espanto ya no era el horario aquel, ¡mi cruz!, mas donde tristeza había y un ceño bien fruncido y un lab...

Zen Life

En ocasiones tiendo a dejarme caer colina abajo, otras veces, simplemente, la gravedad me arrastra sin que yo lo decida.  El principal problema aparece cuando me niego a caer; me aferro a lo poco que tengo por miedo a encontrar mucho menos allá donde vaya.  Es ridículo.  Últimamente he estado aferrándome a algo tan pobre y disfuncional que he tenido que idealizarlo para que cobrase sentido; he tenido que hacer esfuerzos sobrehumanos para que ese elemento inválido me resultase válido.  ¿Es la solución vivir mi Zen Life? Las hamacas no me desagradan en absoluto y la idea de ser feliz es, verdaderamente, muy tentadora.   Da igual para quien fuese el consejo, a mí me sirve.

Lecciones de S. Larson: el amor

Ardiente calor, arena que quema que se funde en mi cuerpo que daña, que llena al posarse los pasos del corcel en los cerros que bulle, que corre, que juega a ser viento, que arrastra mi tiempo en las vastas llanuras buscando mi yerro, clamor de Fortuna; vibrar en la lucha, galopar hacia el Sol, (sentir, vivir), (morir, volar), llegar como un ave hasta el mar y surcarlo sin temor, no son fuerzas suficientes para trocar mi destino que me apela, que me implora, que me muestra tu camino. Empedradas avenidas, enigmáticas plazuelas, relojes en las fachadas y nubes que sobrevuelan las calles de aquel lugar, que como el alba me llaman en su brazo a cobijar, no son en mi mente nada salvo polvorientas fantasías que se ocultan tras tu imagen cuando muero en ti en la noche, cuando muere en mí la tarde. ¡No hay en vida más lucero que me guíe como al ciego que tu soplo trasparente, que tus manos en mi pelo! ¡No hay ins...