Cinco esquinas y el techo cuadrado
-Eh, tú. -¿Yo? -Sí, tú. No me gustas, no quiero verte. Largo de aquí. -Va-va-vale. -Pero que conste que voy a seguir interactuando contigo hasta que manifiestes tu descontento. -Es que yo... -No voy a dejarte hablar, pero quiero oírte. No te necesito, pero te molestaré hasta que sepa que tú sí me necesitas a mí. -No entiendo nada. Explícate. -Explicado hasta donde quiero explicar está. No lo siento, soy feliz sin ti. -Vale. -Pero dime algo. -¿Qué? -No sé, que me quieres, que me echas de menos. Algo. No voy a parar hasta que hables. Te obviaré y te lo haré saber. -A ver, es que... -Shhhh, calla. No quiero lamentos, no quiero que me supliques (aunque en realidad sí quiero); no quiero saber nada de ti nunca. Déjame en paz. -Eso hago. Si yo no... -No, no. No hables. No te soporto. Te he humillado, torturado post-mortem , asustado, engañado y pisoteado porque no te quiero. -Ya, si yo sólo... -Déjalo, no te sirve de nad...