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Mostrando entradas de octubre, 2013

El yayo de Orión

-¿Qué es aquello? -Yo diría que es la Tierra, señor. -¿Conque la Tierra? -Afirmativo. -¿La Tierra? -Que sí. -¿Estás seguro? -Pues no del todo, pero más o menos sí. -Ya... y... ¿eso qué es? -¡Le he dicho que es la Tierra! -Quería decir qué es la Tierra. -Ah... un planeta rocoso. -¿Tiene atmósfera? -Sí, de nitrógeno, oxígeno y argón. También hay algo de dióxido de carbono y vapor de agua, entre otros. -Entiendo. ¿Cómo es que sabes tanto de este sitio? -Señor, fue el tema de mi tesina. Me la corrigió usted. -Pues no lo recuerdo. En fin, ¿qué más tenemos? -Núcleo metálico y campo magnético, abundantes silicatos y tectónica de placas muy activa. -¿Tectónica de placas? -Sí, señor. En nuestro planeta hace mucho que ya no hay, pero... -Da igual. ¿Vida inteligente? -A ratos. -¿Fenómenos atmosféricos? -Sí, este planeta es muy activo. -¿Tienen tecnología avanzada? -Más o menos. Ahora mismo, probablemente, nos estén observando desde sus estaciones....

La gravedad del asunto

Años y años de estudio daban, al fin, su fruto: mi primer viaje espacial. Una vez me encontré sentada en el módulo principal de la nave sentí como mi estómago hacía cositas raras y, cuando el capitán entró en la cabina de mandos para decirnos que el viaje estaba a punto de empezar, las "cositas raras" se convirtieron en descomposición. A pesar de la excitación estaba tremendamente asustada y no pude evitar cerrar los ojos durante los primeros diez minutos de ascenso; mi corazón latía tan fuerte que oía mis pulsaciones dentro de los oídos.  -¿Estás más tranquila?- dijo el capitán, en un inglés más parecido al japonés que a otra cosa, cuando comenzamos a orbitar alrededor de la Tierra, ya fuera de la atmósfera. -Sí, señor. -Pues entonces es tu momento. Ajústate el traje y sal.  Contesté con otro "sí, señor", aunque en el fondo quisiera decir "¡No me lo puedo creer! ¡Oh, Dios del universo universal, gracias!", y, tras una hora y media d...

New-casual-modern-technologic-hypertruño-art

La galería abría sobre las diez. Quizá las once, no estoy segura. Las salas eran grandes, blancas y frías, como de costumbre en los museos; los audiovisuales (que resultaban ser solo visuales) proyectados sobre las pantallas colgantes daban a las estancias algo más de personalidad. En algunas salas había bancos para contemplar las pinturas, pero, según la temática de las mismas, no se sabía bien si aquello era menaje o arte. La colección reunía obras de grandes artistas como Matisse, Kandinsky, Malevich, Miró, Tàpies, Klee, Klimt por lo que cabía esperar que más de una persona saliera de allí en profundo éxtasis (más o menos como Pablo Alborán). No obstante, una de las estancias albergaba un lienzo verdaderamente intrigante. Aquel prodigio era obra del mismísimo anónimo. Sí, anónimo. Apareció entre unos cubos de basura de una barriada de Madrid y nadie se atribuyó el mérito (ni siquiera cuando a posteriori se supo el valor de la pintura). Los expertos creyeron que tal vez las malt...