Un 27 de enero cualquiera que ni un verso merece
Un 27 de enero cualquiera reiteré una promesa, rompí una ilusión, me quedé sin palabras, dejé que la lluvia mojara mi cara, agarré cuanto pude aquello que apenas tenía y solté, sin querer, lo que de verdad permanecía conmigo. Un 27 de enero cualquiera permití al frío calarme los huesos con tal de no callar lo que callar debía, con tal de oír aquello que dolía y para lo que no tenía ninguna respuesta. Un 27 de enero cualquiera sentí ser culpable del mismo delito del que víctima era, creí ver en mí el mal del que huía y dejé que el viento arrastrara las más dolorosas palabras que tú me decías. Un 27 de enero cualquiera me sentí querida y odiada, mas odiada prefería antes que aceptar que aquello que hacía era lo mismo por lo que ayer lloraba.