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Mostrando entradas de junio, 2013

Delirios de un profesor de Física

Hay cosas en este universo que nos resultan extrañas por nuestra condición humana, y hay cosas en este universo que son, en sí, extrañas. Esto pertenece a la segunda clase: "No mezcles tus milis con tus megas". "Tenemos un fundamento muy fundamental". "Ley del mano derecho". "Si no pierdes tu mano derecha, en la Física no tienes problemas". "Podemos asumir que la Tierra es un cilindro... ¡¿un cilindro?!". "Necesitamos un dictador benigno con conocimientos de Física, así la vida es bonita y huele bien". "El profesor gana por tener el bigote más grande de la Física": "Ejemplo ficticioso". "Comprimimos o exprimimos un muelle". "Muy bien, no tengo que correr con mi cabeza hacia el suelo". "¿Hemos visto las amortigüizadas?". "El puente se rompió; fue muy desafortunado... y estaban todos los vagabundos debajo". "Toro bien". "Una cabeza cuadra...

Interrupción en mi misantropía

Os he odiado y lo sabéis. Os he odiado y os ha gustado que lo hiciera. Os he odiado y me habéis provocado. Os he odiado por vosotros. Os he odiado por mí. Os he odiado porque así me lo dicta la razón. Os he odiado porque no somos iguales. Os he odiado porque me habéis obligado. Os he odiado por caer demasiado bajo. Os he odiado porque creí haber subido demasiado alto. Os he odiado y me odio por odiaros. Os he odiado por alejarme de vosotros. Os he odiado por demostrarme que sois animales. Os he odiado por ser crueles. Os he odiado sin querer. Os he odiado incluso cuando me habéis tratado bien. Os he odiado y, hasta dentro de algún tiempo, os odiaré sin remedio. Os he odiado y, en el fondo, no me arrepiento; sin embargo, y aunque me cueste creerlo, por un instante me he olvidado de cuánto os odio y he recordado cuánto os quiero. Gracias (a ti) por recordármelo. 

Doctor, doctor

-¿Cómo empezó todo?- me dijo el doctor muy seriamente- Vuelve al principio. -Verá, todo ocurrió en el momento en que descubrí quiénes eran realmente. Estuve con ellos un tiempo, una semana más o menos. Pasamos mucho tiempo juntos y yo acababa de conocer, además, a unos cuantos chicos que me causaban bastante curiosidad.  -¿Cómo eran esos chicos? -Eran raros y convencionales a la vez. Para mí eran raros pero para la sociedad eran el día a día. Me interesé mucho por ellos, escuché atentamente lo que decían e intenté abstraer todo eso y buscarle un porqué.  -¿Lo encontraste? -Después de pasar un tiempo con otras personas, semanas después de conocerlos, me di cuenta de que no eran todos tan diferentes, de que, en realidad, eran las mismas personas desdobladas.  -¿Coincide con la descripción de aquel grupo con el que salías al principio? -Sí, en gran medida sí. Puedo diferenciar, ahora, tres grupos (que en realidad son el mismo): el grupo inicial, ...

Encuentro ficticio con mi alma gemela II

El Metro iba a rebosar, como siempre. Recorría la línea sin pararse a preguntar, sin dar los buenos días, sin ceder el paso a los trenes mayores, como siempre. Yo luchaba por mantenerme despierta, como siempre. Supongo que fue mi ansia por encontrar algo que me distrajese la que me llevó a escudriñar el vagón y a encontrarlo a él. Estaba sentado en el extremo opuesto, junto a la portezuela de salida, con la espalda recta, las piernas cruzadas y la mochila sobre su regazo; parecía estar leyendo unos caóticos apuntes aunque no podía saberlo a esa distancia. Hice un esfuerzo sobrehumano por fijar la vista en sus ojos para que se sintiese observado y tuviese que mirarme. Sorprendentemente funcionó. Se giró levemente y pasó su dulce mirada sobre mí durante algo menos de medio segundo. Fue suficiente. Durante el resto del viaje intercambiamos rápidos vistazos y posturitas que a gritos pedían algo de atención. Cuando decidí mirarlo fijamente me respondió con una sonrisa acaramelada y un guiñ...

Encuentro ficticio con mi alma gemela I

La primera vez que lo vi estaba bailando; no bailaba mal, pero sus pasos parecían sacados de "Movida en el Roxbury". Se acercó a la barra y me temí lo peor. Pidió, miró a sus amigos y cogió con entusiasmo el vaso de Coca-Cola que le sirvieron. Coca-Cola, ni más ni menos. Siendo alguien de su edad supuse que le servirían ron con algo pero no fue así. Creo que fue lo primero que me gustó de él. Cuando me lo presentaron, aquella misma noche, percibí una conexión especial, un brillo inesperado en sus ojos, una melodía dulce y cálida en sus palabras, un corazón que palpitaba de verdad. Poco después de las presentaciones le oí comentar con sus amigos que no era fan de aquella música latina que sonaba en toda la sala. Me hinché como un pavo de emoción.  Salimos todos juntos fuera del local para que varias de mis amigas pudieran fumar y, de nuevo, me temí lo peor. No me decepcionó; se mantuvo alejado de aquellos pecaminosos placeres y se dedicó a posar su mirada en los edifici...