Misa tardía a mi queridísima cobaya Lincoln. Capítulo II
Y he de confesarte que también me entristece la idea de saber que sufriste antes de morir y que yo hice oídos sordos pensando: "Se recuperará, mañana se levantará mejor", pero cuando llegó ese momento te encontramos en rigor mortis, más dura que un turrón del 2001 ( sé que te encantaban los chistes) y lo único que se me ocurrió hacer fue darte unos golpecitos en la tripa y decirte: " Lincoln, despierta. Por favor..." Pero ahora estás en un lugar mejor, con más espacio y sin tener que pisar tu propia mierda, con la pobre Shaggy ( que descanse también en paz) hablando de cosas de cobayas: - ¿Qué tal te has lavado las patas esta mañana? - Bien, ¿Y tú qué? ¿ Sigues sin sintetizar la vitamina C? -Claro, como todas nosotras... -Ya lo sabía, era broma... Humor de cobayas. En este año que ha entrado voy a estar sin ti y sentiré un vacío en mi interior que solo Rygan (ya sabes ¿eh?) puede llenar, y por último quiero que sepas que te quise más que al kung fu, más que al rock...