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Mostrando entradas de diciembre, 2012

Empuja la manivela y tira fuerte

La puerta permanecía cerrada. El único conocimiento que tenía sobre lo que había detrás de ella era lo que la razón me dictaba.  La golpeé. Apoyé mi oreja en ademán de adivinar lo que allí se ocultaba. "Puede ser maravilloso y puede ser una pesadilla" me dije " y no lo sabré hasta que lo compruebe con mis propios ojos".  Pasé horas mirándola intensamente, casi sin parpadear. En medio de mi barruntar, encontré la nota que días antes un buen amigo mío me había dado y que había guardado en mi bolsillo. "Esta puerta no la cruzas sola," rezaba " la cruzas conmigo". Apreté con fuerza el trozo de papel y lo llevé hacia mi pecho mientras agachaba la cabeza. Miré mis zapatos. Los cordones estaban desatados. "Los cordones," me dije "más me vale atármelos antes de cruzar esa puerta". Me senté en el suelo e hice la lazada más fuerte que pude. Estaba lista, al fin.

Ser... humano (inutilidad de la existencia)

-¿Para qué estás aquí?- dijo aquel hombrecillo larguirucho. -¿Para qué? Será por qué. -No, no. Para qué. ¿Para qué estás aquí? -Pues... yo no estoy aquí por ningún motivo ni para ningún fin, es decir, el ser humano no tiene utilidad. -Hmm... interesante teoría. Pero piénsalo. Tú estás aquí, consumiendo, constantemente, sin dar nada a cambio. Y no me refiero al trabajo, ni al trato con los tuyos, me refiero al universo. Al todo. -Bueno... a ver... yo...- no sabía qué decir.- Yo vivo por ellos. Para ellos. Para todos. -Entiendo. Para todos, para que no se turben, para que estén bien, para que no lloren como tú lloras, para que no sufran, para que rían. ¿Y tú? ¿Tú no ríes? -No a menudo. No como debería. -Ah. Te conformas con que ellos lo hagan. -Sí. -Pues no lo parece. Hoy te he visto temblar, otra vez. Ellos reían, tú te estremecías. -No todo es felicidad en este mundo. -Correcto, pero a veces algo sí lo es. En tu mundo no. -¿Y qué sugieres? ¿Que baile al son d...

Confiese

-Diga... ¿fue así? -Ehm... quizá. -¿Quizá? Sea precisa. -Bueno... digamos que no fue así del todo. -Concrete. -Sí dije al acusado que se deshiciera del problema. -Es decir, lo instó a cometer el crimen. -No. Sólo le dije que se deshiciera del problema. Le recuerdo que he sido agredida por ese hombre por ello. No me arrepiento de lo que dije, me arrepiento de cómo lo dije. Quizá pareció que mi consejo era el de asesinar al señor Montenegro.  -¿Quiere usted decir que el acusado malinterpretó su consejo y asesinó, por ello, al señor Montenegro? -Más bien creo que lo hizo con total alevosía y ahora se excusa en aquella conversación que, sinceramente, no recuerdo con exactitud. Me parece que alude a ese consejo sólo para repartir su culpa, ínfima, por cierto. -¿Se siente usted culpable por haber hablado de ese tema con el señor Iglesias? -Para nada. Sus actos hubieran sido exactamente los mismos de no haberse producido la conversación. Mi conciencia está muy tranq...

Es... extraño.

Fin de semana. Un examen el jueves siguiente. Un trabajo sobre estadística aplicada a algo que no tiene para mí mucho sentido. Una práctica que no se deja resolver. Una memoria de campo sobre científicos ninja. Frío. Dolor. Y ya. ¿Tristeza, quizá? No. ¿Malestar? Hoy no. Será por la Navidad... Por Supersubmarina. Porque "No tengo temor". Porque la Naturaleza va muy bien. Porque ninguna barracuda vestida de Justin Bieber se ha desintegrado en mi salón. Quizá sea por eso. No sé. Quizá porque el dolor no se agudiza. Porque lo breve es maravilloso. Porque la dinámica hace su trabajo. Por la acreción de planetesimales. Porque no podía ser tan horrible, a fin de cuentas. Porque, aunque sea físicamente, aquí hay gente. Por el azúcar. Porque lo malo permanece dormido. No sé cuánto va a durar. Es posible que dentro de unos minutos vuelva a estallar, que me consuma de nuevo, que os moleste una vez más. Por eso lo escribo, para que no se me olvide nunca lo que se sie...