Ser... humano (inutilidad de la existencia)
-¿Para qué estás aquí?- dijo aquel hombrecillo larguirucho.
-¿Para qué? Será por qué.
-No, no. Para qué. ¿Para qué estás aquí?
-Pues... yo no estoy aquí por ningún motivo ni para ningún fin, es decir, el ser humano no tiene utilidad.
-Hmm... interesante teoría. Pero piénsalo. Tú estás aquí, consumiendo, constantemente, sin dar nada a cambio. Y no me refiero al trabajo, ni al trato con los tuyos, me refiero al universo. Al todo.
-Bueno... a ver... yo...- no sabía qué decir.- Yo vivo por ellos. Para ellos. Para todos.
-Entiendo. Para todos, para que no se turben, para que estén bien, para que no lloren como tú lloras, para que no sufran, para que rían. ¿Y tú? ¿Tú no ríes?
-No a menudo. No como debería.
-Ah. Te conformas con que ellos lo hagan.
-Sí.
-Pues no lo parece. Hoy te he visto temblar, otra vez. Ellos reían, tú te estremecías.
-No todo es felicidad en este mundo.
-Correcto, pero a veces algo sí lo es. En tu mundo no.
-¿Y qué sugieres? ¿Que baile al son de los perfumados ponies de color rosa que guían las poco voluntariosas mentes de aquellas personas que dicen ser felices? No, gracias.
-No, tú y yo bien sabemos que el optimismo está sobrevalorado. Yo me refiero a ti.
-No sé de qué me hablas.
-Sí lo sabes. Me refiero a buscarte, a encontrarte y a vivirte.
-Mi supra-yo, ¿eh?
-Exacto.
-La búsqueda de mi yo, el arduo camino de la plenitud espiritual, la esencia del universo, mi universo; la armonía de la existencia y la inexistencia, el ser y el no-ser. La utilidad de la inutilidad, la ignorancia provocada y deseada, las explicaciones propias, por mí y para mí; las razones no razonables, la energía primitiva y ubicua, la evolución hacia nada, la carrera sin meta (porque no la hay) y...
-Y...
-El vivir por el vivir.
-¡Eso es!- se sonrió.- Repítelo.
-¡El vivir por el vivir!
-¡Más fuerte!
-¡EL VIVIR POR EL VIVIR!
El hombrecillo comenzó a reír compulsivamente, retorciéndose y contorsionándose, apretándose el abdomen con fuerza.
Su cara se tornaba roja, cada vez más; respiraba con dificultad.
-¡Bien... hecho!- dijo, como pudo, entre risas.- ¡Bien hecho!
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