Empuja la manivela y tira fuerte
La puerta permanecía cerrada. El único conocimiento que tenía sobre lo que había detrás de ella era lo que la razón me dictaba.
La golpeé. Apoyé mi oreja en ademán de adivinar lo que allí se ocultaba. "Puede ser maravilloso y puede ser una pesadilla" me dije " y no lo sabré hasta que lo compruebe con mis propios ojos".
Pasé horas mirándola intensamente, casi sin parpadear.
En medio de mi barruntar, encontré la nota que días antes un buen amigo mío me había dado y que había guardado en mi bolsillo. "Esta puerta no la cruzas sola," rezaba " la cruzas conmigo". Apreté con fuerza el trozo de papel y lo llevé hacia mi pecho mientras agachaba la cabeza. Miré mis zapatos. Los cordones estaban desatados. "Los cordones," me dije "más me vale atármelos antes de cruzar esa puerta". Me senté en el suelo e hice la lazada más fuerte que pude. Estaba lista, al fin.
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