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Mostrando entradas de septiembre, 2013

Cruz

El bar estaba a rebosar. Apenas había sitio para los cuatro jóvenes que acostumbraban a tomar allí unas copas todos los viernes. Bueno, y los jueves y los miércoles y los martes y los lunes. Sin olvidar los sábados y los domingos de partido. -¿Os habéis enterado de que ha palmado el Carlos? -¿Qué Carlos? ¿El hijo de la de la administración de lotería? -Sí, ese, ese. -Y ¿eso? -Pos na, en un accidente de coche. Dicen que iba to pedo. -Joder, qué mal, si ese venía conmigo a clase en sexto de primaria. -Sí, y ya se le veía venir. -Mazo. -El año pasado me dijo Alex que le habían visto entrando por la noche con unos tíos en el correccional abandonado. A saber qué hacían. -Bueno, pero también me dijo a mí Ali que lo habían pillao robando en el estanco de Robles. -Y en el bar de arriba, ¿qué te crees? -Y los hermanos eran iguales también... yo sigo creyendo que el Luis fue el que me robó la bici. -A ti la bici, y al padre de mi vecina los limpias del coche y la anten...

Cara

-Y que Dios lo acoja en su seno. Amén . -Amén- corearon todos los asistentes casi susurrando. En aquella tarde de otoño parecía que los nubarrones negros se habían posado encima del cementerio de Alameda del Carrillo para descargar sobre él litros y litros de lágrimas frías. Los altos cipreses se confundían con las figuras de los estilizados hombres que, vestidos con un traje negro casi idéntico, rodeaban el ataúd que poco a poco se iba introduciendo en la tierra. Las mujeres, por su parte, hacían corrillos en torno a la madre, que pedía a gritos explicaciones a alguien que estuviese por encima, incluso, de las nubes. Las hojas de los árboles azotaban a todos los presentes cuando soplaba el viento; los paraguas volaban, los chales parecían cuervos enzarzados y las lágrimas de quienes acababan de despedir a un hijo se confundían con la lluvia.  El ataúd rozaba las paredes de la fosa al descender por ella, la tierra caía al fondo en pequeñas aglomeraciones... El padre y ...

¡Camarero, una de gangsters!

Hola. 23:55 ¿Tienes ya lo mío? 23:55 Hola. 23:58 No, aún no 23:58 Lo necesitp ya. 00:00 *necesito 00:00 No me lo traen hasta mañana o pasado. 00:05 No me gusta que me hagan esperar, y lo sabes. 00:05 No tengo la culpa de que no esté ya. 00:12 ¿Se puede saber qué coño estás haciendo? 00:12 Estaba arreglando unos asuntos. 00:13 A mí no me vaciles. 00:13 No te vacilo. 00:14 Para ya un poquito, ¿no? 00:14 No te impacientes. 00:14 Me tienes ya hasta los cojones de tanto lloriquear. 00:15 Ahora no contestas, ¿no? 00:17 ¿Sabes qué? 00:26 Me importa una mierda que te hayas ofendido. 00:26 Paso de toda esta mierda. 00:29 Que te den. 00:30 Estaba arreglando unos asuntos. 00:47 Pues que te jodan, gilipollas. 00:48 Paso de ti y de todo este rollo. 00:48 Dile a Panda que deje de joderme con estas movidas y que se solucione sus asuntos. 00:48  Sois todos unos hijos de puta egoístas... pasad de mi culo. 00:49 Estaré fuer...

En un hotel de St. Pancras...

-Supongo que desearán saber por qué los he reunido a todos aquí. -Sí, creo que ya es hora de que nos dé alguna que otra explicación, detective- apostilló la siempre impertinente señora Clum. -Como sabrán, mi presencia en este hotel no es gratuita. Llegué aquí en calidad de escolta y, desafortunadamente, me hallo ahora en calidad de detective. También sabrán, o supondrán (espero), que la muerte de la baronesa Davidoff no ha sido tampoco algo gratuito. -¡Anda! Y ¿por esa idiotez nos ha tenido retenidos dos días? ¡Dos días! No creo que sea motivo suficiente para perder nuestro tiempo. -Si me deja continuar, señora Cl... -Tiene razón- vociferó su marido, siempre sumiso-. Ya está bien de tanto mangoneo. La muerte de la baronesa fue completamente accidental y si no lo fue a mí me importa un bledo; ni mi esposa ni yo tenemos nada que ver en eso. -Puede que no... o puede que sí. No sean impacientes. La señora Clum golpeó a su marido en la rodilla con el abanico. Ec...

Lecciones de (nombre impronunciable): disyuntivas

-Señor Larson, señor Larson, creo que tengo la esencia de la Tierra. -Claro, pequeño, claro- dijo Larson agachándose hacia él. -Lo digo en serio- replicó el alienígena- Llevo ya un tiempo aquí y creo que estoy empezando a entenderlos. -Pues tendrás que ayudarme a "entendernos" algún día. -Pero ¿cómo hacen para manejar toda la información social que reciben día a día? Hay tantas cosas por elegir...   ¿Cómo querrá el helado? ¿De fresa, de vainilla? ¿Quizá de caramelo? ¿De mango, de sandía? ¿Chocolate, menta?¿De pomelo? Diga, ¿ Pepsi o Coca-Cola ? Fanta ¿de naranja o de limón? ¿Agua embotellada o gaseosa? ¿Tal vez un vino peleón? ¿Eres hipster o eres mainstream ? ¿Del Barça o del Real Madrid? ¿Te gusta ver Divinity o eres más de la MTV ? ¿Tienes perro? ¿Tienes gato? ¿Prefieres Xbox o PS3 ? ¿Monoteísta? ¿Politeísta? ¿O únicamente crees en lo que ves? Tú lees ¿cómic o novela? ¿O quizá divulgación? ¿Escuchas a Bach y a Mozart? ¿O es qu...

Micro-apocalipsis

Primero apareció el aspirador automático/robotizado/milagroso que pulula por la casa a su aire limpiando lo que bien puede. Wilfred lo llamamos. Se paseó por la habitación chocando estruendosamente contra los muebles y succionando sin piedad a esos pequeños bastardos conocidos como ácaros hasta que la batería se despidió de este "mundo cruel". Lo cogí en brazos como si fuese mi churumbel y lo llevé a su centro de operaciones para enchufarlo a la corriente (aquel aparato de la pared siempre me pareció tecnología alienígena, pero eso ahora no importa). Lo dejé allí alimentándose y fui a mi siempre amada cocina a alimentarme yo también.  -¡Furcia!- oí al entrar. La tostadora acababa de insultarme. Me giré indignada y la miré con desprecio. -Habló la aspirante a horno. Cuando crezcas llámame- dije sin terminar de creer lo que estaba haciendo. Tengo la sospecha de que se sintió ligeramente insultada, porque se desenchufó de la pared y, roja de calor e iracundia, m...

Fictionize me

7 de septiembre. El elemento más extraño de aquella escena era la intensa luz solar que atravesaba los cristales dándole un toque cálido a la estancia. Me resultaba así, extraño, porque no encajaba con lo que estaba a punto de experimentar.  Estaba sola en casa, como casi siempre, y los crujidos de las paredes eran incesantes. La distribución de mi habitación- con un escritorio que daba la espalda a la puerta que conducía al siempre oscuro recibidor- contribuía muy notablemente a que mi sensación de inseguridad fuese constante. Recuerdo perfectamente que estaba escribiendo unas reflexiones en un cuadernillo azul, reflexiones sobre las apoteósicas juergas mentales que se organizan en mi cabeza de cuando en cuando. Dejé que me invadiese una sensación de nostalgia mientras escribía, tanto fue así que mi corazón comenzó a latir más rápido, casi emocionado. En ese instante oí un golpecillo al otro lado del recibidor. No pude pensar en otra cosa que no fuese mi pequeña cobaya haci...