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Mostrando entradas de febrero, 2014

Llorando solo perdemos agua

Según la RAE: translúcido, da. (Del lat. translucĭdus ). 1. adj. Dicho de un cuerpo: Que deja pasar la luz, pero que no deja ver nítidamente los objetos. transparente. (Del lat. trans -, a través, y parens , - entis , que aparece). 1. adj. Dicho de un cuerpo: A través del cual pueden verse los objetos claramente. Hoy es transparente. Mañana será translúcido. Hoy lo veo todo claro. Mañana la verdad estará difusa. Hoy me miro en el espejo y no me gusta lo que veo. Mañana seré muy guapa. Hoy estoy sola. Mañana lo tendré todo. Hoy escucho música. Mañana oiré música. Hoy quiero huir. Mañana querré estar. Hoy te necesito. Mañana te odiaré. Hoy no tendré tiempo. Mañana solo será un sábado. Hoy la oscuridad me hace ver. Mañana la luz me cegará demasiado.

Pareados aleatorios

Si tienes una mesa y le fallan las patas, la cosa está clara: han sido las ratas. ... Así pasa en Japón: -¿Dónde está papi? ¿Dónde está mami? -¡Están pasándole el mocho al tatami! ... "A ver si me quito el muerto de encima" Lo metió al maletero y lo tiró en una sima. ... "Qué rica y qué hermosa es esta fresa, tanto es así que me comeré una hamburguesa". ... Estudiantes: "Para una hora de clase hacerte el camino da la misma pereza que ir al Monte del Destino". ...  Como no hay sur sin norte, ni este sin oeste, no hay descanso sin sueño ni salud sin peste. ... Cuando suena la campanita corro como un gamo por la casa, puede ser que falte batería, ¡pero puede ser que tenga un Whatsapp!

La venganza de Thomas Barlow III: final alternativo

Los relinchos de los caballos podían oírse a cientos de metros de distancia. En menos de una hora, Walker y sus compañeros habían llegado a una gran explanada rodeada de vegetación, a las afueras del pueblo de Templado, donde tenían pensado ajusticiar a Thomas.  -Bajadlo del caballo y ponedlo en el suelo- ordenó Walker. Wilder hizo los honores, para, además, encargarse personalmente de atar con fuerza los pies de Thomas a la silla del caballo con una cuerda de unos tres metros de largo.  -¿No os habéis dado cuenta de que... Antes de que Thomas pudiese terminar aquella frase, Wilder azotó a Látigo, que empezó a galopar sin control por la explanada. Los gritos del joven podían oírse, al igual que los relinchos, a cientos de metros de distancia. Aquella sinfonía de alaridos duró lo suficiente como para que los propios maleantes acabasen hastiados de la tortura que ellos mismos habían planeado, y solo terminó cuando Látigo se detuvo, exhausto, junto a unas ro...

La venganza de Thomas Barlow III

Los relinchos de los caballos podían oírse a cientos de metros de distancia. En menos de una hora, Walker y sus compañeros habían llegado a una gran explanada rodeada de vegetación, a las afueras del pueblo de Templado, donde tenían pensado ajusticiar a Thomas.  -Bajadlo del caballo y ponedlo en el suelo- ordenó Walker. Wilder hizo los honores, para, además, encargarse personalmente de atar con fuerza los pies de Thomas a la silla del caballo con una cuerda de unos tres metros de largo.  -¿Os habéis dado cuenta de que siempre que tenéis que castigar a alguien, lo hacéis aquí, en esta explanada?- preguntó Thomas aún ebrio. -Es tradición, supongo- comentó entre risas uno de los hombres. Todos los demás rieron a la par, excepto Walker, que quedó turbado, incluso asustado.  -¿Pasa algo, Walker?- preguntó Thomas esta vez algo más sobrio- ¿No te gusta este sitio? Entonces Walker comprendió que todo el mundo sabía que era allí donde ellos llevaban a ...

La venganza de Thomas Barlow II

No hizo falta mucho tiempo para que el Perro viniese con su amo: Alexander Walker. Entró en el saloon atropelladamente, oteando por encima de todas las cabezas para encontrar la que le interesaba, no obstante, no conocía a Barlow.  -Perro, dime quién es ese tal Thomas Barlow, cuya mayor preocupación es la de difamar, para que yo pueda darle una preocupación mejor- dijo Walker a voz en grito para que todo el local advirtiera su llegada.  El viejo señaló tímidamente la mesa que se hallaba en el fondo del saloon y en la que Thomas consumía lo poco que quedaba de su tercer vaso de whisky. Un grupo de tres o cuatro hombres, entre los que estaba Wilder, mano derecha de Walker, rodeó la mesa con actitud amenazante. -O sea que el necio difamador Barlow eres tú- dijo Wilder acercando su rostro al de Thomas hasta rozarlo-. No pensé que serías tan joven... pero eso no me impedirá acabar contigo. Deberías haberte afeitado esta mañana; uno tiene que estar presentable el día de...

La venganza de Thomas Barlow I

El sol se deslizaba perezoso sobre el cielo tiñendo cada esquina de un color anaranjado que recordaba a los más afortunados viajeros los hermosos paisajes marítimos, ya cargados de progreso, del este. El reloj del ayuntamiento había sonado estruendosamente unos minutos antes, y los habitantes de Casa Roja recogían el ganado y los elixires "mágicos" que Joe McCready había les había mostrado y, al final, vendido esa misma tarde.  Thomas Barlow caminaba, decidido, hacia el saloon de Alan Livingston empuñando su revólver. Se colocó el sombrero que el viento cargado de arena había hecho bailar sobre su cabeza, y empujó las dos grandes puertas de madera del local, que se balancearon hacia dentro y hacia fuera al compás de los pasos del joven.  -Alan- gritó para sorpresa de todos-, ¿dónde está Alexander Walker? A estas horas ya debería estar aquí jugando y bebiendo. -No lo sé, Tom. Salió hace un rato, según me ha dicho el padre Peterson. Relájate, tómate algo y vete a ...