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Mostrando entradas de septiembre, 2014

El tesoro está bajo la cruz roja

-A propósito de esa pregunta le diré que no deseo nada, ¿qué podría desear? Llevo ya mucho tiempo sintiendo algo dentro de mí que no puedo explicar, y diría que he alcanzado la felicidad máxima; no la momentánea, sino la que es para siempre. Y sí, hoy se me ha presentado todo esto de una manera tan clara que hasta alguien como yo lo podría entender. El sol salió esta mañana antes de tiempo regando las nubes con un tinte rosado, y eso me recordó a aquel atardecer. ¡Cómo brillaban las olas naranjas al pie de aquel islote! Casi puedo sentir ahora la brisa fría del mar... Pero no, hoy ha hecho un buen día, un maravilloso día: el cielo nos ha mostrado su cara más azul y se ha bañado en unas pocas nubes algodonadas y deshilachadas. Aprovechando el último hálito caluroso del verano, me he sentado en un banco de madera bajo el sol para que mi helado se derritiera un poco más y que así pudiera beberlo. Unas gotas de nata con trozos de galleta han caído en mi pantalón dejando un reguero dulc...

Confesión desde la casilla correcta

Mi brownie con helado, mi desván destartalado, mi gatito abandonado, mi eslavo proletario, mi lienzo acabado, mi Halcón Milenario. Mi Hummer limusina, mi Supersubmarina, mi brillante turmalina, mi cowboy de Madrid, mi bol de sopa china, mi Lilo y mi Stitch. Mi desierto de Nevada, mi mansión encantada, mi canción mejor cantada, mi “Mente maravillosa”, mi fotografía retocada, mi subidón de glucosa. Mi "Hora de aventuras", mi seriedad y mis locuras, mi madrugada a oscuras, mi querida Coca-Cola, mi miedo a las alturas, mi casa cuando estoy sola. Mi tono de mensaje, mi estudiado tatuaje, mi aversión por los masajes, mi Pablo Alborán, mis dulces chantajes, mi añorado Action Man. Mi extraterrestre cotilla, mi (¿futura?) chinchilla, mis temidas cosquillas, mi "Rhapsody in blue", mi llave amarilla: todo eso eres tú.

Amor a primera flecha III

-A ver, Goyo, calma. ¿Conoces a esa mujer? -pregunta Eda con gesto de incredulidad. -¿Que si la conozco? ¡Es mi jefa! -Ay, Desmo, que la he liado bien. -Bueno, tranquilidad, Goyo. Lo importante es que tu reacción ha sido de sorpresa, por lo que la flecha no parece haber hecho efecto aún. Al menos no completamente. -A ver, pensándolo con frialdad, Inma no es tan horrible -añade Goyo. -¡Hala, ya ha empezado! -Desmo se tapa la cara con las manos. -Goyo, es ahora o nunca: tenemos que entrar en tu alma antes de que sea demasiado tarde. -Antes de permitiros que cambiéis las cosas quiero haceros una pregunta: según habéis lanzado las flechas, ¿Inma me correspondería? -Sí -responde Eda rápidamente. -Pero cállate, imbécil, ¡que eso es información clasificada! -grita Desmo. -Pues entonces no quiero que me hagáis nada. Ya era hora de que los de arriba se pusieran de acuerdo para hacerme feliz. -No, Goyo -replica Desmo-, esto no funciona así....

Amor a primera flecha II

-¿Lo ves? ¿Es ese? -¿Después de todo esto aún no sabes quién es el tipo a quien le has arruinado la vida equivocándote de flecha? -Sí... y creo que eres tú -ríe. -Mira, angelote de octava clase... -Oye, oye, sin faltar. -Hmm... perdona, es que estoy nervioso -se quita el sudor de la frente aún con el arco en la mano-. Vale, cuando cruce la puerta lo asaltamos. -Se va a asustar. -¿A mí qué me importa que se asuste? ¿Vas a seguir mis órdenes? -Sí, señor -saluda como un militar. -Bien, pues cuando yo te diga, lanza un haz de luz a través de la tercera ventana de la derecha y manda unos cantos elegantes. -¿Cantos en plan Evangelino Omnipresentis o más Misericordia Streisand? -¿Tú crees que esta es ocasión para poner a Evangelino Omnipresentis? ¿Quieres que se vuelva loco? -Oye, y ¿todo esto es necesario? Lo de la parafernalia, digo. -Vaya pregunta, ¡pues claro! Al fin y al cabo los humanos no saben nada de nuestro mundo; ha...

Amor a primera flecha I

-Creo que te has equivocado. -No, si era ese. -Que no, que ese es calvo, y el otro era rubio. -Bromeas... ¿verdad? Dime que sí... -Ya la has liado; los de arriba nos van a cortar el cuello. ¡Míra! ¡Míralo! ¡Es calvo! -Ay... ay... ¡ay! Perdón. ¡Madre mía! El ángel comienza a caminar de un lado a otro, mordiéndose las uñas y tirándose de las vestiduras  hacia arriba para evitar que se le caigan con tanto paseo. -Quizá podamos quitarle la flecha que lleva en.. ¡¿el culo?! ¡¿Le has clavado la flecha en el culo?! -Ay, yo qué sé... Pues imagino que sí; me he puesto nervioso. Solo llevo unos días en esto. No me eches la culpa por no tener tanta experiencia como tú. -No es eso, ¡es que esto es un error de manual!  -Si eres tan listo dime qué podemos hacer. Vamos. -Pues... quizá tengamos que recurrir al plan de emergencia. -¿Plan de emergencia? No me suena eso. -Volumen 147: el mundo mortal. Capítulo 6, página 583. Al lado de la foto...

Después dio media vuelta

Este era uno de esos momentos en los que ella se arrepentía de no haberse puesto en forma mucho antes; no llevaba demasiado tiempo corriendo, pero su cuerpo no era capaz de soportar tanto esfuerzo después de un verano entero comiendo helados y viendo la televisión.  Aún no podía creer que aquella gente, a la que consideraba su familia, estuviera a punto de subirse a un tren sin haber dicho nada a nadie; ellos se marchaban lejos sin despedirse, sin motivo, sin destino, sin ella.  Cuando llegó a la estación paró bruscamente y puso la mano sobre su pecho como si quisiera evitar que el corazón saliera de allí de un salto. Buscaba con la mirada el andén 14, que era del que, según le habían dicho, partía el tren con destino a Ninguna Parte que sus amigos iban a coger. Detrás de un mostrador de información, a unos cincuenta metros por delante de ella, se atisbaban un uno y un cuatro. Reanudó su marcha trotando como un caballo herido, jadeando y tratando de ocultar con la cab...