Nuevas tendencias
«¿Por qué me dejaría llevar por este tío?» se dijo Martha. La noche era tan oscura que apenas se podían ver desde la ventana los primeros árboles que rodeaban la gran casa de campo; una luna tenue y amarilla bañaba ligeramente las copas de los pinos y las nubes a su alrededor mientras los búhos ululaban en el denso bosque. Una rama seca sacudió una de las ventanas del salón a la par que el crujir de matorrales se desplazaba hacia la puerta por fuera de la casa. -Derek, ¿eres tú? -gimió Martha-. ¡Derek, no tiene gracia! El rascar de las paredes cesó repentinamente y la joven se estremeció. Dado que la línea de teléfono llevaba cortada más de una hora, se limitó a acurrucarse en un extremo del sofá con la cara entre las rodillas, observando aterrorizada con el rabillo del ojo cómo el pomo de la puerta giraba lentamente. La puerta comenzó a abrirse y una figura se adentró en la sala con cautela. Era Derek. -¿Se puede saber qué haces ahí en el sofá, nena? Ni que hubie...