Cinco esquinas y el techo cuadrado

-Eh, tú.

-¿Yo?

-Sí, tú. No me gustas, no quiero verte. Largo de aquí.

-Va-va-vale.

-Pero que conste que voy a seguir interactuando contigo hasta que manifiestes tu descontento.

-Es que yo...

-No voy a dejarte hablar, pero quiero oírte. No te necesito, pero te molestaré hasta que sepa que tú sí me necesitas a mí.

-No entiendo nada. Explícate.

-Explicado hasta donde quiero explicar está. No lo siento, soy feliz sin ti.

-Vale.

-Pero dime algo.

-¿Qué?

-No sé, que me quieres, que me echas de menos. Algo. No voy a parar hasta que hables. Te obviaré y te lo haré saber.

-A ver, es que...

-Shhhh, calla. No quiero lamentos, no quiero que me supliques (aunque en realidad sí quiero); no quiero saber nada de ti nunca. Déjame en paz.

-Eso hago. Si yo no...

-No, no. No hables. No te soporto. Te he humillado, torturado post-mortem, asustado, engañado y pisoteado porque no te quiero.

-Ya, si yo sólo...

-Déjalo, no te sirve de nada arrastrarte. He abusado de tu confianza y te he mentido descaradamente; he intentado hacerte daño, no voy a estar contigo nunca.

-Si eso ya lo sé, lo que pasa es que yo no...

-¡Para ya, por favor! Si esto fuera una conversación telefónica ya te habría colgado sin dejarte decir nada más. Si estoy hablando contigo cara a cara es porque te he visto por casualidad; yo te lo hubiera dicho de otra manera, algo más cobarde, como un mensaje de móvil o un comentario público en una red social, o quizá le hubiera dicho a un amigo que le dijera a su novia que te dijera que no quiero verte.

-¿De qué hablas?

-Eres tonta. Deja de pensar en los motivos. Acepta la realidad.

-Si yo la acepto, es que tú no...

-Muérete de mi parte, pero quiero oírte llorar cuando lo hagas. Suplícame que te quiera, atiéndeme, espérame, no me desprecies como si nunca nos hubiéramos conocido, no me olvides, no me obvies, sufre, retuércete. Quiero que estés mal por mi culpa, quiero dejar huella en ti. 


Cuando terminó su aparentemente destructivo soliloquio, el "niño" se alejó de allí satisfecho, diciendo, quizá,  para sí "joder, qué bueno soy".





Comentarios

Entradas populares de este blog

Si no puedes cantarlas, critícalas I

Mentalidad borrosa

¿Es aquello una luz?