Imagina
-No sé cómo explicarte esto.- dijo Beh a Adi en una de esas conversaciones en las que siempre hablaban de lo mismo- Tú imagina que tienes un grano de arena. Ese granito de arena es lo más bonito que has visto nunca, es simétrico, es brillante, es perfecto. Tú adoras ese grano de arena, lo cuidas para que no le ocurra nada, lo contemplas día y noche porque te deslumbra su belleza, no obstante, sabes perfectamente que no te oye, no te ve, no sabe que existes porque es, simplemente, un grano de arena, sin sentimientos, sin vida. Sabiendo que no escucha tus cumplidos, que nunca hará por ti lo que tú haces por él, lo sigues adorando igualmente porque no te importa nada de eso, porque lo quieres.
Día tras día te desvives por él, acondicionas su espacio, te sometes a su "voluntad" dejando atrás lo que quieres sólo por protegerlo, y todo ello lo haces sin esperar nada a cambio. Una parte de ti espera, puerilmente, una respuesta, pero eso es imposible porque, como ya sabrás, los granos de arena no hablan. Eso te hunde, pero no impide que sigas haciendo por él lo que haces.
Sin embargo- dijo Beh con voz temblorosa- un día sopla un fuerte viento. Tú has cerrado tu puño firmemente para que el aire no se lleve al pequeño granito, pero las fuerzas te flaquean y se abre un hueco entre tus dedos. Antes de que puedas hacer nada, el grano de arena desaparece de tu mano, vuela con el viento y ni siquiera puedes seguirlo con la vista. Nunca te quiso- dijo antes de que una lágrima resbalara por su mejilla- pero aun así te duele saber que no lo vas a volver a ver jamás.
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