6 (reflexiones subterráneas)
El próximo tren se acerca, ruidoso,
llega siempre a su hora, siempre hoy,
me llevará sin problema en sus entrañas,
pero, ¿sabe él adónde voy?
Apoyo la cabeza en sus asientos
y espero que me diga
este convoy
si sabe cuál es acaso mi mañana,
de dónde vengo huyendo y dónde estoy.
Su vagón solo chirría,
nada dice más que chispas y jaleo,
nada sabe más que contener
pasajeros como muerto el mausoleo;
de la misma manera, muerta yo,
como trapo a merced del traqueteo
bien pudiera si quisiera mi epitafio
rezar lo siguiente: “yo deseo
que el mañana sea cierto y no con duda
pues con duda al minuto ya lo tengo
y no hay nada peor que no saber
siquiera adónde voy y de dónde vengo.
Quisiera yo también saber si es cierto
si hacer tan grande esfuerzo fue de necio,
si querrá aparecer tal recompensa
teniendo, además, tamaño precio”.
Y es posible que quizá, si es que quizá,
solo sepa si es así cuando me muera
cuando caiga, al fin, la última hoja
del árbol que hibernando ya no espera
ni siquiera flores blancas en sus ramas,
nada robusta y joven su madera,
tampoco pajarillos en sus nidos,
y, mucho menos, renacer en primavera.
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