Pon las cartas sobre la mesa sin que se note que están marcadas

-No paras de dar vueltas como una loca, ¿puedo saber qué te pasa?

-¿Crees que tengo la posibilidad de elegir?

-Claro. Tu futuro solo está en tus manos.

-Y... ¿si no fuese capaz de decidir? ¿Y si todo estuviese ya escrito?

-No creo en el destino.

-Ni yo, pero creo en lo que soy.

-¿Crees que no puedes tomar decisiones solo porque eres como eres?

-Exacto. Imagina que yo solo conozco una realidad, y todo lo que salga fuera de ella no existe para mí. Solo podré vivir en ese mundo y todo lo demás estará fuera de mi alcance, lo que implica que siempre tomaré el camino equivocado, por muchas veces que lo intente.

-Ponme ejemplos, que no te entiendo bien.

-Sabes que no puedo hablarte de ello, o al menos de la totalidad, pero piensa que viví en un mundo que se ha convertido en el único para mí. No hay más, y lo que no existe no es. Y si no es, no puede ser pensado. No está.

-Si creo que vas por donde vas... ¿me estás diciendo que nunca encontrarás a alguien que te haga feliz puesto que, aunque exista, nunca te enamorarás de él?

-Lo has entendido.

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