Las nubes blancas bailaban en él

Cerró los ojos por un momento, intentando evadirse de aquel caos de gritos e insultos, y se sumergió en sus pensamientos más profundos. 
Durante un instante los problemas se marcharon; no había deudas que pagar, no había restricciones, no había lecciones que estudiar, no había pasado, no había futuro, no había gente mala, no había odio, no había amor, no había mentira, no había egoísmo, no había tristeza.

Delante de ella podía verse un gran río rodeado de árboles muy blancos y delgados, y los pájaros silbaban canciones que conocía muy bien. Una cabaña aparecía tímidamente entre la vegetación y brillaba con el sol; los cristales desprendían una luz casi cegadora. Dos caballos pastaban frente a la puerta, junto a unas sillas de madera plegables, y las montañas asomaban sus cimas por encima de aquel bucólico cuadro.

Caminó despacio, mirando al cielo -las nubes blancas bailaban en él-. Siguió recorriendo la verde pradera con los brazos extendidos mientras el viento de la montaña alborotaba su pelo, y llegó hasta uno de los caballos, el marrón. Montó en él y el viento los empujó hacia la llanura. 

¿Huían de algo? No lo sé, pero cabalgaron sin descanso hacia el horizonte para descubrir qué se ocultaba tras el bosque, después la montaña, después las laderas, y después... de nuevo la llanura. No importaba cuántas veces atravesasen la montaña, siempre llegaban al mismo punto. Recorrieron la pradera en infinitas ocasiones; ella estiraba sus brazos como las alas de las águilas, y saltaba sobre la grupa gritando a las mismas nubes. 

Aquello le recordó a lo que sentía cuando estaba con él, y eso le hizo pensar en el amor, y eso, a su vez, en el egoísmo, y eso, en la mentira, y eso, en la gente mala, y eso, en el pasado, y eso, en el futuro, y eso, en las lecciones que estudiar, y eso, en las deudas que pagar, y eso, en las restricciones, y eso, en el odio, y eso, en la tristeza. Y tuvo que abrir los ojos.

Comentarios

  1. That's the problem dear Beh,

    No podemos huir de nuestras circunstancias y tirarse a ver las nubes no sirve si tienes remordimientos. Tenemos que aprender a vivir con los sucesos como si se tratara de un segundo de los otros tantos que hay en un dia. Como si porque faltara ese segundo nada cambiara y sin intentar recuperar esa milesima de tiempo perdida.

    Aprendamos a solo recurrir a las nubes cuando hallamos encontrado el estado zen y sepamos usarlas como compañeras y no como una falsa distracción.

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