Los intocables
Hallábase Beh Panic tumbada a la bartola mientras Tiziano Ferro entonaba unas dulces notas que revoloteaban por toda la habitación, cuando un pequeño mosquito apareció para perturbar la armonía.
Paseábase el mosquito hacia la izquierda.
Paseábase el mosquito hacia la derecha.
Elevábase el mosquito hacia arriba.
Descendía el mosquito hacia abajo.
La mirada de Beh Panic seguía atenta todos estos requiebros sin sentido.
-Vas a morir- dijo.
-Sí, pero no hoy- contestole el mosquito.
-¡Te mato!
Beh Panic emanaba furia por todos sus poros y corría hacia todas direcciones a la vez, zapatilla en mano.
En uno de sus ademanes por matar al insecto tropezó con la silla del ordenador y cayó al suelo dejándose previamente los dientes en el pico de la mesa.
El mosquito zumbó con mofa y salió impasible de la habitación por una de las ventanas.
Beh Panic se levantó, apagó la radio (Tiziano Ferro también parecía reirse de ella), corrió hacia la ventana y gritó airada mientras alzaba el puño:
-Puedes engañar al destino una vez. Dos, no. Quizás no sea hoy, tampoco mañana, quizá tampoco la semana que viene, quizá...
Mientras voceaba, su madre entró en la habitación.
-Beh, hija. Los vecinos no tienen la culpa de tus desvaríos enloquecidos. Entra en casa.
Beh Panic alzó por última vez la mirada hacia el cielo y pudo observar como el mosquito, mientras alzaba las cejas, le dedicaba una sonrisa pícara y se esfumaba entre las nubes.
Paseábase el mosquito hacia la izquierda.
Paseábase el mosquito hacia la derecha.
Elevábase el mosquito hacia arriba.
Descendía el mosquito hacia abajo.
La mirada de Beh Panic seguía atenta todos estos requiebros sin sentido.
-Vas a morir- dijo.
-Sí, pero no hoy- contestole el mosquito.
-¡Te mato!
Beh Panic emanaba furia por todos sus poros y corría hacia todas direcciones a la vez, zapatilla en mano.
En uno de sus ademanes por matar al insecto tropezó con la silla del ordenador y cayó al suelo dejándose previamente los dientes en el pico de la mesa.
El mosquito zumbó con mofa y salió impasible de la habitación por una de las ventanas.
Beh Panic se levantó, apagó la radio (Tiziano Ferro también parecía reirse de ella), corrió hacia la ventana y gritó airada mientras alzaba el puño:
-Puedes engañar al destino una vez. Dos, no. Quizás no sea hoy, tampoco mañana, quizá tampoco la semana que viene, quizá...
Mientras voceaba, su madre entró en la habitación.
-Beh, hija. Los vecinos no tienen la culpa de tus desvaríos enloquecidos. Entra en casa.
Beh Panic alzó por última vez la mirada hacia el cielo y pudo observar como el mosquito, mientras alzaba las cejas, le dedicaba una sonrisa pícara y se esfumaba entre las nubes.
Lo que me he podido reír XD De verdad, muy bueno. Espero que actualices a menudo ;)
ResponderEliminarMuchos besos!!!
Escribes geniaaal, y el humor se te da de maravilla :)
ResponderEliminarjajajajaja gracias!!!!
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