Aquella mañana de otoño, en la que, al fin, inicié mis estudios universitarios, sirvió, definitivamente, para hundir mis expectativas y mis deseos de progresar. Verdaderamente, la ilusión no me acompañaba en absoluto, y el hecho de equivocarme de edificio y recorrerme un largo y desierto pasillo en busca de alguien que pudiera ayudarme, no mejoró, para nada, la situación. La primera práctica me hizo pensar seriamente en la posibilidad de subir a la octava planta y dejarme caer suavemente por una de las ventanas de la escalera de emergencia, y la somera pero no por ello llevadera presentación de química me obligó a plantearme qué hacía allí y si de verdad aquel era mi lugar. El plomizo soliloquio de la profesora de matemáticas, que sólo contribuyó a destruir el positivismo que todo el verano me había costado acumular, terminó de pisar, patear, mermar, desgarrar, agujerear, trocear, apuñalar, arruinar y desintegrar mis esperanzas en el sistema universitario. ...
Buena introducción, jajajajaja.
ResponderEliminarBeh!Beh! -aclamaba el publico cuando ella termino.
ResponderEliminarOtra!Otra! -no paraban de vocear.
Me gustaaa ^^
ResponderEliminarIncreíble jajajajajajajaja no doy crédito!!!!!
ResponderEliminarAnden nueve y tres cuartos sigue queriendo más.
ResponderEliminarTodo llegará...todo llegará...
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