Amor a primera flecha V
-Desmo, llevamos aquí varios días y
ni siquiera me has dirigido la palabra. Lo siento. Lo siento de
verdad... Sé que te vas a enfadar, pero ¿cuál
es la pena máxima, Desmo?
-La pena máxima -ríe nervioso-... Qué
gracia.
-Desmo...
Se levanta del suelo y mira a Eda
furioso.
-¡La pena máxima se basa en echarnos
de aquí! -grita enfadado. Agarra a Eda por los hombros y lo acerca a
unos tres centímetros de su cara- ¿Sabes lo que es el purgatorio?
La gente en el mundo de los humanos piensa que el purgatorio es un
sitio al que vas a hacer tiempo, pero lo que no saben es que el
purgatorio es precisamente su mundo. No como ellos lo ven, pero está
ahí mismo -sus ojos se enrojecen completamente y se abren de par en
par coléricos-. ¡Si nos envían al purgatorio, nos envían al mundo
de los humanos, pero no con ellos! Solo como espectadores; no podemos
interactuar con ellos, ni entre nosotros, ni con nadie. Estamos solos
rodeados de gente. Por toda la eternidad.
-Yo-yo-yo... lo siento mucho, Desmo
-agacha la cabeza-. Yo no sabía que... Perdóname, por favor.
-Ya da igual -suelta a Eda y mira hacia
el infinito-. En cuanto nos juzguen seremos enviados al purgatorio y
no nos volveremos a ver nunca más. Guárdate las lágrimas para el
juicio.
Pasa el tiempo. La sala está
inmensamente vacía y los ángeles llevan días recostados, esperando
a su abogado.
-¿Desmo y Eda? -dice un hombrecillo
embutido en una túnica negra y con gafas de culo de vaso- Soy su
abogado. Me llamo Abogado 000320968.
-Qué original -murmura Eda.
-Sí, ya, los abogados no somos muy
creativos. En fin, vengo a hablarles de la estrategia que he pensado
para su defensa.
Desmo y Eda se acercan hacia el
abogado, sin mirarse el uno al otro.
-Verán, dado que las infracciones
cometidas son bastante serias, he pensado recurrir a algo que nunca
falla: posesión infernal transitoria.
-¡¿Qué?! -preguntan los ángeles al
unísono.
-A ver, no es tan descabellado, ¿no?
No he ganado nunca un juicio con eso, pero he conseguido reducir
mucho la pena. Os enfrentáis a la pena máxima, así que yo que
vosotros no descartaría ninguna opción.
-Yo no voy a decir que he estado
poseído -replica Desmo.
-Yo tampoco. Lo siento, Abogado
000320968.
-Entonces, ¿qué? ¿Vais a decir la
verdad? ¿Sin más?
-Sí -dice Eda-. Solo nos faltaba ya
mentir. Llevamos aquí un mes mirando hacia la nada, esperando un
juicio, y ahora no vamos a desperdiciar esta oportunidad mintiendo de
esa manera.
-Bueno -responde el abogado-, vosotros
sabréis, pero... Un momento, tengo una llamada telepática. Ahora
vuelvo.
El abogado desaparece y Eda y Desmo
vuelven a quedarse solos.
-Esto es increíble -se queja Desmo-.
Para que digan que el mundo de los humanos es una locura. ¡Es esta
misma locura!
-I saw the sign and it opened up my
eyes, I saw the sign!
-Eda, ¿qué haces?
-Cantar. Me desestresa. Y tú deberías
intentarlo; te sentaría bien.
-No tengo yo nada mejor que hacer
ahora.
-De hecho, no tienes nada que hacer
ahora.
-Eda, vale ya. No tengo ganas de
discutir; no tengo ganas de nada.
-¿Eras así también cuando eras
humano? -cruza los brazos y alza una ceja.
-¿Quién te ha dicho eso?
-En el curso de Formación para Ángeles
se comentaban muchas cosas, ya sabes, cotilleos de toda clase.
¿Sabías que Qad, el de novena clase, fue degradado por llamar a
Shita “vieja cacatúa arrugada”? Antes era un ángel de segunda.
-¿En serio? -ríe-. Razón no le
faltaba.
-También se comentaba que un ángel de
quinta, que no recuerdo cómo se llamaba, tenía que salvar al perro
de una niña que había sido atropellado. Se suponía que tenía que
devolverle el alma cuando lo reanimara el veterinario, pero se le fue
la cabeza y lo hizo estallar en la sala de espera de la clínica,
delante de la niña. Se llenó la sala de tripas y sangre, y desde
entonces la niña tiene un trauma.
-Eso sí lo había oído, sí. Pobre
niña.
-Yo me reí mucho cuando me enteré.
Parece cruel, pero es que imagínatelo: un perro reventando delante
de quince personas y llenándolas de fluidos y entrañas. Seguro que
sonó un “bum” y todo se convirtió en carne resbalando por las
paredes.
-Tienes un problema.
-Sí, ahora mismo uno muy gordo -ríe-.
Pero, dime, ¿es cierto que fuiste humano?
-Sí.
-¡Increíble! Cuéntame todo, ¡quiero
saberlo!
-Si salimos de esta, prometo contarte
mi historia.
-Cosa poco probable...
-¡Ya estoy aquí, ángeles! -grita el
abogado con una sonrisa en los labios- Y tengo muy buenas noticias.
Desmo y Eda se acercan presurosamente y
con los ojos brillantes de expectación.
-Veréis, estaba a punto de fijarse la
fecha del juicio cuando la Recepción de Oraciones nos ha llamado
informando de un hecho anómalo: hemos recibido en este último mes
una cantidad descomunal de oraciones pidiendo clemencia. Leo
textualmente una de ellas:
“Querido Dios (o lo que sea, que no
lo tengo muy claro):
Soy Goyo otra vez. No dejo de pensar en
el lío en el que Desco, o como se llame, y el otro ángel se han
metido por mi culpa. Ya sé que no he sido nunca un ciudadano
ejemplar, pero tampoco he sido una mala persona. Llevo toda una vida
esperando a que ocurra algo, sin hacer nada bueno ni nada malo; he
vivido cincuenta años en estado casi vegetativo. Conocer a estos dos
ángeles ha sido lo más emocionante que me ha pasado nunca, y me ha
devuelto la esperanza porque ahora sé que ahí arriba hay algo más
que nubes. No sé qué ha pasado con la flecha, pero cada vez que veo
a Inma me sube un escalofrío y siento que algo me aprieta el
estómago. Cuando, hace dos días, ella me propuso, sonriendo, que
fuésemos a tomar un café al acabar el trabajo, me di cuenta de que
podía ser feliz, y de que, de hecho, ya era feliz. No sé qué va a
pasarles a estos ángeles, pero pido, por favor, que si hay alguien
por ahí oyendo esto, que les perdone, porque creo que han hecho algo
muy bueno”.
-Ese es mi Goyo -susurra Eda.
-Bueno, ángeles, ante esto, y como un hecho aislado y excepcional, el
Tribunal de Conservación ha tomado la decisión de absolverlos y de
mantenerlos en sus correspondientes rangos sin represalia alguna.
Enhorabuena, amigos.
-¡Sííííííííííííííí!
-gritan al unísono.
-Hasta luego, ángeles.
-¡Somos libres!
-¡Adiós purgatorio!
¡Síííííííiííííííi!
Eda y Desmo se abrazan y saltan mientras gritan
alocadamente “Goyo, te queremos”. Antes de darse cuenta han
aparecido en el recibidor de la Sede de Ángeles, justo delante del
mostrador de Tareas Pendientes.
-Bueno, Eda, parece que volvemos al
trabajo -dice sonriente-. Creo que te debo una disculpa -agacha la cabeza- y no quiero que quede así, porque, claro, yo no llevo mucho tiempo contigo, pero me pareces un buen chico y te he cogido cariño, aunque no quiero decir con esto que...
-Desmo, tranquilo. Si alguien debe una disculpa, ese soy yo. Te prometo que no voy a volver a meter la pata así, y además voy a estudiarme los manuales enteros. Bueno... no. Estudiarlos no, pero la próxima vez que haga algo, te preguntaré antes -ríen-. Y no creas que se me ha olvidado: me debes una historia,
¿recuerdas?
Desmo, aún sin poder dejar de sonreír,
asiente con fuerza y rodea a Eda con su brazo.
-Yo solía ser un humano corriente...
Comentarios
Publicar un comentario
Elige tu comentario sabiamente...