Amor a primera flecha IV
-El mostrador cierra a las 15:00, lo
siento. Entréguenlo mañana, si son tan amables.
-No, usted no lo entiende -replica
Desmo visiblemente nervioso-; esto es algo importante.
-Nada tan importante como para que yo
no me vaya a comer. Vuelvan mañana, si son tan amables.
-¡Le digo que es importante, ángel de
pacotilla con aspiraciones a alfombra de recibidor!
-¿Disculpe? Póngase como quiera, pero
esta ventanilla está cerrada.
-¡Me cago en la burocracia y en el
desgraciado que te dio tus alas!
-Desmo -murmura Eda-, que vienen los
guardianes.
-¿Algún problema por aquí? -gruñe
el ángel guardián más robusto del grupo.
-Este señor -dice el funcionario- se
está comportando como un auténtico tarado. ¡Parece un humano!
-Acompáñenos, si es tan amable.
-¡No soy tan amable! -grita Desmo
absolutamente desquiciado- Esto es muy importante, más importante de
lo que es cualquiera de sus absurdos trabajos. El futuro del universo
depende de que yo entregue este impreso debidamente cumplimentado.
-Si es tan importante -ordena el
guardián- véngase con nosotros al despacho de Shita; ella les
solucionará su problema.
-¡¿Shita?! -exclaman los dos ángeles
al unísono.
-Creo que ella ya les está esperando.
El guardián chasquea los dedos y hace
aparecer a Desmo y Eda delante de una puerta de madera con un cartel
metálico colgado que reza “Shita: primera clase”.
-Es Shita, Desmo. Vamos a acabar
limpiando conciencias después de esto. O peor: repartiendo esperanza
durante los partidos de fútbol.
-A ver, calmémonos. Entramos, se lo
explicamos y... pasamos la eternidad en un agujero contando plumas y
pegándolas en alas de novena clase -se echa las manos a la cabeza.
Entonces la puerta se abre bruscamente
y deja ver a los ángeles un gran despacho de madera oscura; tras el
gran escritorio que se halla al fondo de la estancia, una mujer
larguirucha, con el pelo blanco y un moño en lo alto de su cabeza se
apoya con las dos manos sobre una silla.
-Pasen y siéntense.
Los dos ángeles caminan despacio hacia
los asientos; su cuerpo está encorvado, como si quisieran pedir
perdón por haber destruido el universo.
-Verá, nosotros -tartamudea Desmo-...
-Silencio -replica Shita-. Yo no les he
dicho que tengan permiso para hablar. Espero que sean conscientes de
la cantidad de infracciones que han cometido en solo unas horas: han
desvelado información clasificada, han puesto en marcha el protocolo
de emergencia sin la autorización de un superior de segunda clase,
han mantenido una conversación en tono informal con un humano, y,
por supuesto, han demostrado su incompetencia intercambiando las
flechas numeradas. Serán juzgados por el Tribunal de Conservación
como ángeles de segunda clase, como castigo ejemplar. El Comité de
Evaluación de Daños les ha permitido contar con un abogado, que
será asignado por este mismo comité. Sepan que se enfrentan a la
pena máxima.
Desmo baja la cabeza y parpadea
lentamente; pasa la lengua por sus labios y traga saliva.
-Oiga, Shita -exclama Eda-, sabe
perfectamente que quien cometió el error fui yo. Desmo no tiene nada
que ver en esto; él es un ángel responsable que ha demostrado su
capacidad de resolver los problemas. Si yo no hubiese metido tanto la
pata, él lo hubiese solucionado en cuestión de minutos. Si alguien
debe recibir un castigo, ese soy yo.
-Pasando por alto su inoportuna
interrupción -responde Shita-, le informo de que la decisión no la
he tomado yo; esto viene de más arriba.
-¿Qué-qué-qué va a pasar con el
mundo de los humanos? -tartamudea Desmo.
-Eso está solucionado. A ver si va a
pensar usted que nosotros no tenemos las herramientas necesarias para
solucionar cualquier problema causado por unos ángeles de bajo y
medio rango.
-¿Y Goyo? -pregunta Eda.
-Eso -añade Desmo-, ¿qué pasará con
él? ¿Van a borrar su mente? Se le notaba ilusionado con la idea de
enamorarse de Inma y que ella lo correspondiera. ¿No podría dejar
eso así?
-Eso no es de su incumbencia. Los
guardianes los llevarán ahora a la zona de espera; allí les verá
su abogado cuando todo esté formalizado.
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