Epístola de destinatario vertical

Saca el papel, coge un bolígrafo y comienza a escribir.

"Querido Lucas:


Esta es una de esas cartas que se escriben para luego romperlas, así que nunca la vas a leer. Lo peor de todo es que no solo no vas a leer nada sino que tampoco lo vas a oír de mí, porque sé que no quieres oírlo y porque si hablara alguna vez así, pues no sería yo. 

El caso es que quiero que sepas que eres muy especial para mí, mucho más de lo que pensé que serías nunca. Tampoco creí que te vería nunca como lo que eres ahora, alguien que ha conseguido entrar en mi vida y que no imaginaría fuera de ella. Esto es solo un arrebato de una tarde de diciembre, así que no significa que nada vaya a cambiar para mí, aunque ese cambio en realidad se ha ido produciendo poco a poco, sin que apenas me diera cuenta, y sin que pudiera evitarlo (cosa que me hubiera gustado realmente). Hace un tiempo me prometí que algo así no volvería a pasar, y veo que ya estoy metida en ello otra vez, pero no me importa lo que pase, ya sé cómo funciona esto. 

Cuando cierro los ojos y pienso en todo lo que me rodea, en lo que abstraería de mi vida real para llevarlo al mundo en el que me gustaría vivir, te veo a ti. 
Cuando pienso en qué es lo que realmente me trae de cabeza, lo que me preocupa, alegra y altera, te veo a ti.
Cuando escucho la canción de turno, esa que solo está hecha para los ilusos, los que viven en su happy-pompa de ideales que solo se alcanzan una vez en la vida, durante una milésima de segundo casi inapreciable, te veo a ti.

A veces, antes de verte, imagino cómo serás ese día, porque cada día eres uno distinto, e incluso a veces no te reconozco. Pero has pasado a ser ese plomizo tema de conversación que siempre saco en las reuniones, la foto de mi fondo de pantalla, el "pues Lucas..." que pone de los nervios a todos mis compañeros, el sobresalto cuando oigo sonar mi móvil, el cosquilleo en el estómago, el miedo a perder algo, las ganas de caer enferma para saber si vienes a verme. Y es un asco, sinceramente, porque a mí esa actitud me causa náuseas, pero contigo parece que no hay arcada suficiente como para parar esto. 

También sé que procuro por todos los medios mostrar todas las facetas que tengo dentro de mí para que escojas la que más te gusta, aunque tú nunca elijas y yo parezca el alcalde de Pesadilla antes de Navidad, cada segundo con una cara distinta. Además, quería que supieras, o más bien me gustaría que supieras, que no tengo miedo a lo que pueda pasar, y no me gusta terminar las cosas antes de que acaben ellas solas. Siempre veo caminos, aunque no los haya.

Podría decir muchas más cosas que querría que supieras, como que te quiero más que a mí, que cuando te miro veo a alguien en quien me encantaría confiar, que apareces en todas mis ensoñaciones en los mejores mundos paralelos, o que cuando me despierto por la mañana lo primero que pienso es "necesito hablar con él, hoy le llamo", aunque luego nunca lo haga. Pero no, no voy a escribir cosas que no sabes apreciar.

Y eso es todo, Lucas, todo lo que no vas a saber porque no me da la gana que lo sepas y porque yo no soy ninguna Barbie.

No me decepciones, por favor".

Dobla la hoja por la mitad y pone la tapa al bolígrafo. Remarca el doblez de la hoja y la rompe por la mitad. Junta las mitades y las vuelve a partir. Así dos veces más. Hace una bola con los trozos y los tira en la papelera, levantando lo que ya había, para que queden al fondo. Se levanta y se marcha.

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