No hay mal que por Eurovisión no venga II
14. Rumanía: ya era hora de que
apareciese algo así. El contratenor Cezar nos hizo mantenernos pegados a la
pantalla durante toda la actuación, que, aun presentando ciertas sorpresas
vocales, no resultó, en absoluto, ridícula. La canción cumple todos los
requisitos para ser exitosa: un estribillo pegadizo, una letra aceptable,
instrumentos clásicos, toques dubstep y un ritmo potente que permite que sea
bailada. Perfecto.
15. Reino Unido: los británicos
se dijeron: sacamos a la momia del sarcófago y que se dé un paseo. La voz de
Bonnie Tyler se notaba ya tocada por la edad, y el tema que cantó salía
demasiado de su estilo además de no ser especialmente atractivo. It´s a
heartache, isn´t it?
16. Suecia: los suecos, como grandes anfitriones y
tan listos como siempre, nos han traído este año al Justin Bieber nórdico:
Robin Stjernberg. La canción “You” es un buen tema, cuya energía incrementa
según avanza, y estuvo maravillosamente defendida por nuestro niño predilecto.
17. Hungría: si a eso llaman
cariño… Los húngaros cruzaron la delgada línea que separa lo moderno de lo
absurdo. No tengo más que decir salvo que esta fue la actuación que aproveché
para levantarme a quitar la mesa.
18. Dinamarca: Taylor Swift
versión danesa. Partía como favorita y el tema no era demasiado terrorífico, por
lo que los augurios se cumplieron y, a partir de ahora, nos va a tocar
aguantarla durante un año entero. Pues nada, enhorabuena, supongo.
19. Irlanda: la canción “Ég á lif”
de Eythor Ingi fue algo muy distinto; a nuestro vikingo le sobraba voz y dominó
el escenario desde el primer momento, cosa que se notó durante toda la actuación.
La escenografía fue muy sobria pero acertada, lo que permitió que resultase un
show elegante y digno de admiración.
20. Azerbaiyán: la puesta en
escena fue maravillosa, tan maravillosa que Farid Mammadov y su canción pasaron
a un segundo plano. Poco que discutir salvo eso. El detalle del reflejo en la
caja de metacrilato nos cautivó desde un primer momento e hizo que la actuación
brillase mucho más que por la canción en sí.
21. Grecia: el ska griego resultó
bastante gracioso, y Koza Mostra y Agathon Iakovidis debutaron alegres y
profesionales. Nos quedamos con ganas de un bis, de alcohol gratis, y de que el
mozo del acordeón nos diera su número de teléfono.
22. Ucrania: la canción que
interpretó Zlata Ognevich resultó ser un caos de notas incomprensible. La voz
de la ucraniana no falló en absoluto y el show fue aceptable. Sin embargo,
quedó flojo.
23. Italia: ya era hora de que un
morenazo italiano como Marco Mengoni revolucionara la gala de Eurovisión. En un
principio parecía una de esas personas que, según M. J. de Larra, desearían no
tener manos por no saber dónde ponerlas, pero poco después despertó junto con
su canción para regalarnos un espectáculo digno de tan respetable certamen.
Aprobado con sobresaliente.
24. Noruega: llegó como Lady Gaga
y se lució como Lady Nada. Esa fue la conclusión que pudimos sacar después de
que Margaret Berger nos dejase más que fríos con su “I feed you my love”. Mira,
bonita, prefiero morir de hambre.
25. Georgia: buen intento,
¡pardiez! Las voces de Nodi y Sophie son espectaculares, la puesta en escena
fue seria pero notable, sin embargo… sin embargo la canción se quedó en un “quiero
y no puedo” típico de banda sonora de película romántica. Aladdín, Yasmín, más
suerte la próxima.
26. Irlanda: Irlanda, Irlanda,
Irlanda… bastante nunca es suficiente. El Bruno Mars irlandés no consiguió este
año engordar la larga lista de victorias de su patria puesto que la canción
quedó flojilla a pesar de su buena intención, y la puesta en escena no fue
capaz de llenar todo ese espacio vacío. Mucho tatuaje y pocas nueces, lo
siento.
Por lo tanto, y teniendo en
cuenta las valoraciones anteriores, mi ganador supremo de este año es, sin duda: Moldavia,
representada por Aliona Moon con el tema “O mie”. Ya si eso te envío yo el
trofeo a casa. No lo esperes pronto.
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