No hay mal que por Eurovisión no venga I
El festival de Eurovisión 2013 ha
venido cargadito de manzanas, tralará: hemos podido contar por cientos las
mariposas, los ninjas, los instrumentos de percusión y las actuaciones en las
que se promete mucho y se da muy poco.
Los primeros sonidos de Euphoria
precedieron a todas y cada una de las actuaciones de la noche, y el humor sueco
a cargo de Petra Medes se cebó con ABBA y las famosas albóndigas del país para
regocijo de muchos.
Poco hay que decir de los suecos
aparte de que fueron unos excelentes anfitriones, por lo que comienzo, sin más
dilación, a comentar someramente las actuaciones de la gala.
1.
Francia: la actuación francesa comenzó tambaleándose. O los auriculares de
Amandine Bourgeois no estaban a punto o un pequeño duende la estaba incitando a
quemar cosas, porque no paró de tocarse las orejas desde que empezó la canción.
Esto no hubiese sido un problema si el resto hubiese estado a la altura; una
puesta en escena pobre (al estilo mariposa haciendo referencia al símbolo del
festival), una expresividad manifiesta en todo el cuerpo excepto en el rostro y
una canción digna de un club de striptease no lograron cautivar a nadie. Si
quiere hacer de una vida un infierno, va por el buen camino.
2. Lituania: ¡Depeche Mode ha
vuelto en forma de mozo sosaina! Esta actuación empezó prometiendo, pero como
cualquier cosa en esta vida, se quedó en promesa. La tesitura del cantante
oscilaba entre dos y tres notas, y, como yo esperaba, la versión de estudio dio
algo más que el directo. Las manos de Andrius Pojavis hicieron cuatro gestos
contados que bien podían haberse ahorrado y todos nos quedamos esperando a que
apareciese la sorpresa o, en este caso, el agudo que nos hiciera vibrar pero…
jamás aparecieron.
3. Moldavia: el tema “O mie” de
Pasha Parfeny se combinó perfectamente con la puesta en escena y maravillosa
interpretación de Aliona Moon, que debutó elegante y correcta. El peinado de la
susodicha parecía tener la intención de arruinar el espectáculo, pero el
vestido mágico-hinchable arregló lo que el peluquero pudo haber destrozado. Muy
bien, Moldavia.
4. Finlandia: la actuación finlandesa requería
conocimientos de actualidad política europea, cosa que hundió las posibilidades
de que Krista Siegfrids alcanzase la zona superior de la columna izquierda. El
hecho de que apareciesen tres hombres con bigote que resultaron ser mujeres, y
el beso final de la cantante con una de las coristas son un llamamiento a los
organismos finlandeses que aún prohíben allí el matrimonio homosexual. Eso está
muy bien, pero ni siquiera que la
canción fuese pegadiza pudo hacernos olvidar que algo no cuadraba en ese show.
Hay que saber separar, Finlandia.
5. España: el espectáculo empezó
bien hasta que Raquel del Rosario tuvo que enfrentarse a un tono que no le iba
bien. El comienzo fue verdaderamente desesperanzador aunque las gaitas hiciesen
lo posible por reflotar un barco que ya parecía hundido. Sin embargo, para
orgullo de los españoles, ESDM creció y creció junto con el público, y el
espectáculo resultó muy satisfactorio. El vestido de la cantante fue más que
apropiado para la ocasión y la puesta en escena ayudó muchísimo a que la
sensación tras la actuación fuese muy positiva. Aun así, la puntuación no nos
hizo justicia. Otra vez será.
6. Bélgica: podía haber sido
peor. La expresividad del cantante parecía jugar a la petanca: unas veces se
pasaba y otras se quedaba corta. No obstante, tanto la voz y la canción como la
puesta en escena (con ese gracioso bailecillo) hicieron que el show estuviese a
la altura de las circunstancias. Por cierto, Roberto, no sonrías mientras
cantas “love kills”.
7. Estonia: el mensaje de un
nuevo comienzo llegó perfectamente a los espectadores por medio del espectáculo
de luces y humo que evocaba un amanecer en el que Birgit Oignemeel se movió
como pez en el agua. Bien. La canción no fue demasiado pesada, pero quizá no lo
suficientemente pegadiza. Sin embargo, el elemento a destacar de la actuación
fue el vestido que lució la cantante para disimular su embarazo: querida, los doseles
se colocan encima de las camas, no se sale con ellos a la calle.
8. Bielorrusia: por fin algo de
carne para los buitres. Por una parte, el tema parecía sacado de la discografía
de Ricky Martin, y aun así la voz de Alyona no pudo cumplir con las expectativas.
Por otra parte, ¿quién necesita enemigos teniendo coreógrafos? El único
elemento envidiable de esta actuación fueron las piernas de la cantante; lo
demás rozó lo cutre.
9. Malta: no sé si fue porque
actuó después de Alyona o porque era realmente bueno, pero Gianluca Bezzina
puso el listón muy alto tras su “Tomorrow”.
La letra de su canción no es para tirar cohetes, pero la musiquilla es
realmente pegadiza, y eso es algo que no se puede desdeñar. La actuación fue
muy alegre y divertida. Nada que objetar.
10. Rusia: mal, muy mal. Dina
Garipova, su canción y su puesta en escena fueron aburridas hasta el final. No
me extiendo porque no hay más que decir.
11. Alemania: Todos pensamos que
Cascada nos presentaría un nuevo éxito, tal y como suele hacer, mas no. Nos
tiene acostumbrados a su buena voz, pero no a temas que entran por el oído
derecho y salen por el izquierdo. Un desastre.
12. Armenia: Melendi + Aerosmith =
Dorians. La canción de este grupo de rock-pastel comenzó desorganizada hasta
límites no humanos. Sin embargo, para nuestro alivio, el tema se normalizó en
el estribillo y se volvió bastante convencional. La voz del cantante resultó
algo típica pero muy correcta. Aprobado con notable.
13. Países Bajos: aunque resulte
paradójico, fue de los pocos países que no se hundió. Anouk nos presentó una
canción verdaderamente mágica capaz de transportarnos a mundos desconocidos. Al
tema “Birds” le faltó algo de altura, pero eso no hizo que perdiera calidad. La
puesta en escena fue ligeramente pobre y la cantante no lo superó con su
vestimenta solo válida para salir con sus amigas por el barrio. No obstante, no
hay que preocuparse, aprobaron con nota.
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