Oh, Pármeno, mi Pármeno


Siento al pensarte una llaga que me quema, y el solo nombrarte me nubla la mente, me turba los sentidos. Si hubiere forma de que existieras, de que mi gozo fuera cumplido y que hallase en tu mirar el placer y en tu boca los besos, sería  mayor galardón hasta ahora conocido. La Fortuna y sus albricias, sus halagos y su arrullo lamedor, caen en balde sobre mi suerte, que es esquiva de aqueste mundo de delirios y lisonjas, que es solo movida por tu amor.
¡Oh, Pármeno, mi señor! ¡No incendies mi alma con tu presencia y tus palabras, que no soy merecedora de tan divino presente!
¡Permite a mis sentidos ser libres de tus lazos, que me atan, me impiden el comer, me impiden el dormir y si ha menester enturbian mi pensar y me hacen esclava de tu ser, de tu parecer y todo lo que te acontece!
Dios quiera que halle forma de sufrir leve tu ida; que ha me dolido en el corazón como punzada de veneno tu ausencia. Tañen en mí cantares de muerte campanas al son de mis latidos, ya no hay sirgos, oro, sayas, briales, cadenas, cintas doradas, sino plantos, fiebre, espinas.
Y dejóse Areúsa de luto y guarda en lo que iba de jornada sin te velar como amador, y vengóse por Celestina y no por ti; indujo a Elicia a seguir tal consejo y abandonar a Sempronio, pluguiendo solo por la alcahueta. Confió Sosia tu amigo, hermano, en aquesta mujer, desvelando los amores de Calisto y Melibea, y tú, loco, te guiaste por la estela de la pasión provocando tu yerro.
¿Creías merecer tan poco que solo bastara para te contentar la pasión de una noche?
¿Creíste que no habría mujer con el corazón en la diestra esperando tu venida?  
Ruego aparezcas en esta, mi vida, sin te embaucar en juegos de fortuna mutable ni en azarosos propósitos del destino, que aquí espera tu servidora para te amar, para calmar tu plañir y secar los húmedos ojos.

  

Para todo aquel valiente que lea La Celestina de Fernando de Rojas. 

Comentarios

  1. Isa Cuartero y sus medievales efectos.
    Fue un libro bonito de leer, sí sí.

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