Hacia el final
Hace unas semanas me asaltó el recuerdo de este blog: ni siquiera era consciente de que estaba aquí. Me paseé por algunas de las entradas más recientes y sentí una aparentemente incompatible mezcla de orgullo y vergüenza ajena.
Por una parte, el saber que no era tan mala escritora como creía me levantó el ánimo. Y por otra, ¡qué coño! Entonces era otra persona diferente.
Pero entre lo que soy ahora y lo que era antes existe un nexo de unión y es, precisamente, el motivo por el que solía pasar por aquí a escribir ridiculeces.
Como podréis imaginar, el terror ha vuelto a mi vida. He perdido tantas pequeñas cosas supuestamente eternas e inmutables que ya no sé qué puede quedar de mí. No sé quién soy. No sé qué voy a hacer. No sé si podré encontrar mañana un motivo para levantar las sábanas de la cama y salir al mundo.
Así que solo puedo hacer una cosa desde aquí y es pediros que no lo dejéis escapar. El poder dormir, el poder comer, el ser dueños de vuestro cuerpo sin dolor y sin miedo. El tener a alguien a vuestro lado, feliz, sano, que no sabe muy bien qué os ocurre pero que solo quiere ayudar.
Porque si lo dejáis ir, os encontraréis totalmente solos en una realidad de la que no se puede huir: la propia piel. Volveréis a pensar en cuando queríais marcharos lejos, pero lo descartaréis porque el dolor iría con vosotros. Nadie va a oíros llorar allí tampoco. El mundo se vendrá abajo lentamente y cuando os deis cuenta no habrá vuelta atrás.
Yo ya lo he perdido todo, pero daría lo que fuese para que quienes están a mi alrededor pudiesen recuperar lo que yo les he quitado.
Solo quería que alguien me ayudase a salir de aquí. Quería que alguien me hiciese ver que yo valía la pena. Pero nada ha salido como esperaba y os he arrastrado conmigo.
No sabéis lo mucho que siento que hayáis puesto tanto para nada, porque a partir de ahora la vida será mucho más complicada que ayer. Para todos.
Pero a mí no me quedan más luces que encender al final del pasillo.
La última realidad que me conectaba al mundo real ya no está.
La medicación comienza a no hacer efecto.
Lo que parecía inofensivo me acabará llevando al hospital otra vez.
Y me seguirá doliendo pensar que lo único que quería era tener una vida normal.
Ojalá pudiese disfrutar un solo minuto. Con todo lo que imaginé para mí. Un breve instante.
Comentarios
Publicar un comentario
Elige tu comentario sabiamente...