El porqué del procrastinar
El tiempo es como el agua: discurre por donde le es más fácil y, por lo tanto, en un único sentido. Si al tiempo se le pudiese aplicar un efecto Venturi, podríamos tirar de él fácilmente y llevárnoslo adonde quisiéramos, pero no es así. Lo que queda atrás se pierde para siempre y lo que está por venir nunca está sino al llegar.
Decía ya Epicuro que uno está muerto o está vivo pero nunca "en muerte", y eso es, precisamente, lo que nos lleva a procrastinar. La vida se vive sin morir jamás pues es la muerte un estado y no un proceso.
El tiempo se mueve en esa escalera mecánica llena de gente lenta y torpe de la que uno no puede bajarse y nos lleva hasta el final de ella sin parar jamás, por tanto lo que hagamos ahora estará hecho y, si hay que llegar arriba del todo, será siempre en el último momento.
Si la sociedad se empeña en hacer hoy lo tedioso y dejar para mañana el placer, debe esforzarse mucho en pasar por alto que el final de esa escalera está cada día más cerca y que lo que no se ha hecho hoy puede que no se haga jamás. Es posible que al llegar ese día en que cambiemos de estado -de vivo a muerto, de sólido a gas, sabe Dios- no hayamos hecho aquello que queríamos hacer y ¿qué es mejor? ¿Dejar sin hacer lo tedioso, que para ese entonces nos importará bien poco? ¿O dejar sin hacer aquello que nos llena, que para ese entonces tampoco nos importará pero que hubiera alegrado una parte de nuestro breve paso por el mundo de los vivos?
Es hora de dejar a quien lea esto que tome sus propias decisiones vitales/mortales, pero le recomiendo que no tarde demasiado: uno nunca sabe cuando llegará al final de la escalera.
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