Falsa introspección


Hace tan sólo unos días, pude disfrutar de una exposición temporal en el Museo del Prado en Madrid, que me satisfizo enormemente. Las obras expuestas han sido traídas desde el museo del Hermitage, en San Petersburgo (Rusia), y entre ellas había algunas pertenecientes a grandes y celebérrimos artistas como Velázquez, Durero, Rembrandt, El Greco, Matisse (más por celebérrimo que por grande), entre otros.
Sin embargo dejando por ahora los no pocos comentarios positivos que me gustaría hacer, he de decir que encontré un "cuadro" ( y nunca mejor dicho) que tanto cualitativa como cuantitativamente (a nivel de souvenirs con su imagen) me creó una sensación de desengaño y desesperación al observar como el arte caía en el retrete y era arrastrado por el agua al tirar de la cadena; era el llamado Cuadrado negro sobre fondo blanco. El autor de esta insigne obra no es otro que Malevich, el mismo que en este intento de, como él mismo apuntó, representar el "cero absoluto", creó una colección de obras  para retratar algo tan vacío y a la vez tan complejo como es el cero, quizá interpretado por él como la nada, o quizá como la puntuación de cero a diez que otorga él mismo a su aprecio por el arte.

No es necesario cuestionar la motivación de este personaje, ni mucho menos descalificar su obra por ser un tanto "escasa de contenido", pero sí, quizá, la confusa intención de quienes eligieron qué obras debían ser enviadas como símbolo del poderío artístico ruso, a España, ya que, a mi parecer, esa obra no es reflejo de la calidad artística de nada. Puedo imaginar ahora a este hombre en su estudio, delante del lienzo en blanco, sosteniendo vagamente las ideas dentro de su cabeza, pensando en el "cero absoluto", en el suprematismo, en el sentido de la vida, en la armonía demótica de las obras clásicas, y en que el aire estaba un poco cargado y había que abrir la ventana. Quizá el olor del arte recién hecho en su estudio lo confundió, lo alienó, lo obligó a mirarse en el espejo y decirse, "El cero absoluto no me deja comer, no me deja dormir, es necesario plasmar mi inquietud y mi desconcierto en una obra tan llamativa como incomprensible. La titularé Cuadrado negro sobre fondo blanco. Sí señor". 
La intención de representar el "cero absoluto" me parece acertada; la decisión de utilizar formas poco convencionales si bien expresivas para hacerlo, me parece acertada; la aparición de motivaciones introspectivas a la hora de realizar la obra para reflexionar, quizá, sobre la existencia, la muerte, el futuro, los acartonados sentimientos de una sociedad en decadencia; me parece acertada. Pero la obra es un cuadrado negro. Es un cuadrado negro.
El liviano aunque no por ello menos importante fondo blanco, se deja ver tímidamente bordeando el estoico cuadrado negro que se alza imponente sugiriendo ideas algo maquiavélicas sobre la concepción del "cero" por parte de Malevich. Quien como yo no pertenezca al reducido grupo de personas que conocen el mundo del arte de manera más profunda que los que visitamos museos por gusto, como meros espectadores en una obra teatral que no entendemos; podrá pensar: "Si es el cero absoluto, ¿por qué hay un fondo blanco?; ¿es el fondo blanco la realidad donde yo creo ser libre, aunque todo está dominado por las sombras de la nada?; ¿por qué asociamos, generalmente, el negro con el vacío?; si yo hago un cuadro parecido, ¿valdrá millones y me enriqueceré?"

 De vuelta al Cuadrado negro de Malevich, he de aclarar un pequeño detalle más que me turbó y me hizo reflexionar sobre la psicología de las masas y las motivaciones de la gente, al igual que yo, corriente. Cuando abandoné la sala de la exposición, con el recuerdo aún caliente y palpitante en mi memoria (el cuadro se hallaba al final de la sala), cuál fue mi sorpresa al observar una amplia selección de artículos que lucían una etiqueta con un precio "alarmante", dedicada al Cuadrado negro. Camisetas, imanes para la nevera, pisapapeles, libretas, todos los objetos que usted quiera, que visten con orgullo el "cero absoluto". 

Cuando conté a todos mis conocidos mi agradable experiencia en la exposición, no me sorprendió encontrar a un buen número de personas que apoyaron mi alabanza a la inmensa obra de Friedrich; que entendieron mi admiración por el Retrato de Carlos IX de Francia de François Clouet; pero tampoco me sorprendió encontrar a no menos personas que expresaron manifiestamente su disgusto provocado por la excesiva subjetividad y significado borroso de Cuadrado negro sobre fondo blanco. Una de estas personas me preguntó: " ¿Qué cuadrado negro?".
Más tarde comprendí que aunque esta misma persona había visitado y recibido con gusto la exposición, debió de confundir el Cuadrado negro de Malevich con la caja adosada a la pared que contiene los interruptores de la luz, o con uno de esos puntos que están ahora tan de moda donde se puede encontrar un equipo de ayuda médica para paradas cardíacas, por si alguien se sobresalta con algún cuadrado negro.



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